photo credit: Xabier Zaldua via photopin cc
Abaten las copas
melodía que compone la brisa.
Los motores gritan a lo lejos
distorsiones.
Bailan las hojas
susurrando nuestros nombres,
a un tiempo arrullan las palomas
el nuevo día desayunándose la noche.
Pipían hambrientos
los pichones inquietos.
Los trinos gorjeos
de los gorriones
amanecen en sus cuevas
repartiendo sus mil perdones.
Susurra la fronda
como saquitos
sonoros de arena
lisonjeando la tenue claridad,
repartiendo un soplo
a la fría mordaza,
a mi vacía taza
que asgo con complicación.
El chasquido del mechero
rompe la polifonía.
El humo llena el vacío.
Es en esta ausencia
donde inhalo
la realidad de mis afectos
y de mi triste ánimo.
Va meciendo la arboleda sus ramas
en estos segundos que pasan.
Se me antoja una eternidad.
Mientras, escucho en la espesura
mil y un cuchicheos tersos.
El día llega y se traga esta lobreguez.
Ya ni el café hace mella,
ni el tabaco,
ni esta agria impudicia.
Del sembrío deseo
ha brotado el tallo del silencio.
Las cetrinas hojas cantan nanas
al crepúsculo amargo con triste sesgo.
Grácil abrazo
despierta mi tribulación,
desaparecen las sombras
al compás que marca
la floresta con frágil firmeza.
Julio 2014-Septiembre 2024