No tengo fe en ti
aunque creas primaveras,
multipliques los peces en tus dedos
que son redes,
aunque transmutes en vino el agua
donde se ahogan
súplicas que depreco ante tu altar,
altar que hago en cada salmo
de tu frente.
No tengo fe en ti,
aunque doblas el pañuelo
que empapas
en jazmín y seas brisa
meciendo la amapola.
No tengo fe en ti
cuando mis oraciones reverberan
como un eco en la pared
y no me escuchas
adorándote en silencio,
y cumplo penitencia alejándome de ti,
igual que un cometa
que no logró chocar con un planeta.
No tengo fe en ti,
aunque en las olas camines, envuelta
cual empapada Venus
en la espuma del deseo,
cada amanecer mirando
el espejo que te habla.
No tengo fe en ti,
aunque arranque
los papiros de mi piel,
aunque recite la luna llena,
aunque bautice el estanque
con la sangre de los justos
y mis entrañas te hagan una ofrenda.
No creo en ti
porque conviertes
mariposas en ósculos
volando a ninguna parte.
No creo en ti,
aunque me hables ardiendo
con la tabla de la ley.
No tengo fe
en tu desierto,
ni en tu festín de oasis
de santas intenciones,
de relojes sin cuerda
que detienen el tiempo
que nos separa,
aun obrando el milagro
que delinea la sonrisa
en cada mueca de mi santa faz.
Mi santa faz escupe
lágrimas de negras tintas
ascendiendo a tus infiernos.
No tengo fe en ti
aunque se abra el firmamento,
o acaricies mi tormento
con legado testamento tan apócrifo
a mi otorgado.
Aún quiero,
créeme, lo imploro,
fe tener en ti
cuando mesas tu cabello
arrancando la maleza
(aunque sea un momento),
que ha anegado tu jardín,
aunque escapes como el viento
para que nada me lleve a ti.
Mayo 2015-Octubre 2024