El reloj en la pared no marca las horas,
somos libres de poner en marcha el minutero.
Marchó Mayo, la primavera es memorándum
de rojo, blanco y amarillo en un tupido verde
paseando yo sin reloj, sin manillas.
Ahora cuento, empero, el tiempo para no encontrarte.
Hay paradojas en el estío,
la dejadez marca las horas y nadie es pobre.
Como yo estoy frío, soy esclavo de la gelidez
y no puedo elegir ponerme otros calcetines.
La miseria esconde preciadas prendas
para que nadie se sienta disgustado.
Nunca es bien recibida la ostentación,
como el hielo en cada palabra
elegida para que no se pronuncie.