En el limo se ahogaron los süeños.
Sin poder las vocales de tu nombre expulsar,
desespero gritando. Me sumerge el silencio
de cada consonante.
En el barro se escucha un eco sordo.
Expío mis pecados, asfixiado,
nadando el purgatorio en cenagales,
deseando el perdón
del dios que no reflejan los espejos.
Nunca te confesé
mi caudal sin nivel.
Juntaba nuestro roto corazón
con colmado fangal,
sin pedir indulgencia.
En mis labios el légamo asomaba.
Deseé que la luz
deshiciera el silencio.
Al fin me solté y me salvé.
Me reflejé en la zarca bóveda
saliendo de tu molde,
me quité el fango
saliendo de tu centro.
Singlé mi nao lejos de tu arroyo.