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19 abril 2015

Dádiva


Mi traza puesta de espaldas
en el corto horizonte,
atragantada la palabra 
finada rota en alambre.

Con el roce,
tacto suave inesperado,
de tu dedo amable
despierto del letargo
y me llego hasta tu norte.


Sin beberlo,
ni siquiera acordarme,
se destierran mis desvelos,
se atrofia este vasto hambre
con la sola sencilla sonrisa
que lleva a tu regio nombre.

Sorbiendo estaciones que huyen,
robando segundos a tus relojes
me alzo con suave goce
que despierta mis sentidos
cruzando las paredes,
convierto mármol en aire,
fijando en tus ojos
atezados de noche
la mejor de mis mercedes.


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