Duque adornado de camaleón,
¿Quién amará a la Señorita Yvaine?
El día candó la puerta,
no amaneció.
La urraca hizo un nido áspero
con su traje blanco y negro.
La inocencia alegró la vista
y el alma,
monótona y naíf,
despertando confiada los sentidos.
La Señorita Yvaine
entonó una canción en sus labios
de tristeza y decepción,
de pulsión que pintó la violeta
en el tálamo.
Pintó la podredumbre de su miedo
en amor disfrazado con engaño.
Confundió con mariposas
apolillada emesis disfrazada
de ósculos en longeva madrugada.
Eligió la compañía del dolor
disfrazado de amor sin condiciones
condimentando fantasías.
Sabría que los ganchos del apego
sabrían a caricias de polillas en el vientre.
Septiembre 2024