La sonrisa perfumada ha despertado un halago,
y pasa dejando el aroma de lo rancio, escondido
tras los silencios que esconden las palabras.
Ser algo diferente, distinto, a ese momento
absurdo
en que los nudos no son el lazo de un ramo
en la boda de tus sueños que no obtuviste,
la que se rompió en tus costillas naciendo lento el
deseo.
De donde vienes no hay ríos rodeando Bristol,
de donde vengo no hay senderos a Avalon.
He guardado nuestra compañía donde llegamos,
entre botones y mamparas con las letras y los
números,
esperando la melodía que roza tus labios
y el perfil etrusco delineando tu dominio.
Te has ido y un abismo roza mi codo
y en mis ojos se lee la tristeza.
No pudimos decir hasta mañana.