Vals sin intérprete,
sin música.
Si suspira melodía
allá vamos,
dejándonos de máscaras,
con la complacencia del pensamiento
arrullando lene el aire.
Con los primeros compases
de las gráciles caricias
solo estamos virando a bailarines,
con la olvidada inocencia
con la que miman las horas que se hacen
tiernas,
eternas,
displicentes
a la vulgaridad,
a la vuelta de tuerca
- esos enroques nocivos
que abren las brechas
de hondo orificio de sal -.
La pauta del compás de tu mundo marca el ritmo,
medrosa tu sonrisa se adorna en melodías
y tu gesto adusto esconde
las lilas, los geranios,
las orquídeas, las rosas,
los claveles,
los tulipanes
y amapolas escasos de fragancia,
desnudando las palabras
que nunca quieren salir;
sigilosas,
sibilantes,
sinópticas,
síntesis de explosiones amagadas
en un parterre
que sólo
sé yo
o no sé.
escondes
un remanso
con sombra,
oasis
y manantiales,
con púrpuras
de pequeñas palabras
agudas,
sabias,
santas como un cáliz
a punto de ofrecer
la sangre que salve un mundo
que vira sobre su eje
dando vueltas,
perdido más allá de los bordes,
de los cantos
de los cadenciosos ríos.
Hablas música,
respiras melodía
y en el averno florecen
luces y sus luceros,
y estrellas que brillan
naciendo de las cenizas un vergel.
Tú eres santa armonía,
un Sol de trenzas
que se acerca
y queda en la memoria
oculta de pasada, de soslayo.
Cítaras,
laudes,
rimando ternura.
Si se acaba este vals.
¿Quién dijo poesía?