Como los tallos verdes
(mordisquitos de hormigas,
piel rozada en la seda,
y nubes rozando el azul),
son tus besos minúsculos
como si pidieran permiso,
excelsos, frágiles, ternísimos.
Se aprietan a la tierra,
la excavan
astutos, tan traviesos,
moviéndose al son de la brisa.
Mirando atardeceres que se esconden
ellos despacio crecen.
Hormiguitas con sus mordiscos,
como antesala del deseo,
mi descanso interrumpen.
Con tu sonrisa
de oreja a oreja
yo, con desgana, me despierto,
te observo y miro yo,
te maldigo, te alabo.
Cedo a tus brincos,
te alza el viento en la cama
y el diablo se agita en mis huesos.
Se han abierto en tus soles
los poros de mi piel.
Te deshueso en abrazos,
aprieto fuerte o suave,
acaricio en arena
olas, saliva,
los dientes y los labios;
así se pasa el tiempo.
Subes, bajas, te mueves y te paras
cayendo desde el éter.
Planto los tallos verdes en tus simas
que germinan de marzo a febrero,
sin lunes y sin días,
sin Sol que luzca
en este entierro que va alimentando
el rico estiércol.
Tras el ágape queda
después de los banquetes
mordidos restos.
Cómo mármoles
un tenue sueño amanta,
me abrazas y me duermo.
Yo soy, ahora,
quien te despierto.
Julio 2014-Septiembre 2024-Febrero 2025