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Vuelve el mutismo como el nuevo día.
Mientras, escucho
en mi celda encerrado
el
acorde rítmico de la cafetera.
Apago el primer cigarrillo
en
el colmado cenicero.
Tiro por la borda
sueños con vanidades
vacías, llenas de nada.
He
hurgado mi propia debacle
como
un extraño que se presenta.
Sorbo el café con miel amarga
(acedura que no osa pronunciarte).
He
buscado apartarme
mientras mi
deseo me arrastraba a ti
con una venda en los ojos.
No acepto la realidad
si doblo el deseo en papel
(escrito en cursiva tu nombre).
Quebrado preparo ceremonioso
un
nuevo día en la
certeza
de la distancia,
sin el perfume de tu cabello.
Asgo el silencio y un chasquido
lo apaga lento.
Encendiendo la
medicina
que me mata calma,
se van los días
en abiertos silencios vanos
meciéndome el azul del cielo.