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16 agosto 2014

Sin los frenos que ahogan las palabras






Cierro puertas los malditos 
que arrancan las raíces
a los desesperados 
que beben la esperanza 
ajena sin salir de su crisálida,
a los ensimismados 
en su ombligo cerrado 
como una cremallera rota.

Quiero la luz candando 
la noche en mis luceros,
quiero ver las sonrisas 
en las retinas, 
las dichas en el alma,
esa sencilla compañía 
del caminante, 
de quien escucha, 
de quien su verbo no maldice 
nuestra existencia.

Quiero decirlo sin los frenos 
que ahogan las palabras.






Las sábanas de los rosales

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