Antes de finar
en la orilla
la mar agitada
mueve nívea
su espuma.
El piélago muere en la arena,
en el dique en hervores las olas se rompen.
Al norte se sacude la palmera
(se vuelve a mover),
aventada por Noto.
Se afirma el áspero tronco
a la greda en sus raíces.
Vuela la gavina
buscando del Faro el refugio
que, en la larga queda, fija
el rumbo al navegante
a buen puerto
en su bajel.
Algodones grises bajan
a cargar con sus remos
gotas besando en salitre las rocas
donde se aferran moluscos y algas.
Con las luces primeras ha arribado la pluvia,
el líquido elemento empareja el azul
con el suelo.
Se difumina el confín en mis ojos,
se baña en lluvia tan árida arena.
Fija un adiós la vista en mi memoria.
Septiembre 2024