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09 julio 2024

Un Sol que se apaga

 

Imagen de wirestock en Freepik</a>



Soy un Sol extinto 

sin lugar ni parte que fenece.

Mustio, ajado astro, 


Sol muerto, óbice, traba, 

restos de cenizas.

Exánime carbón tan derretido.


Soy un vil horizonte que se apaga

(no se acuesta la negra noche

sin estrellas ni destino).


Busco esconderme,

Rey etéreo, en el ático de dioses

protegido en asilo, postergado,

pintando los colores del tiempo los adioses

a los antiguos rayos donde cálidos 

—vientre tan pretérito—

germinaba la semilla de la vida.


Se alarga la amarga negrura

elástica que nunca se encoge;

tensa cada hálito 

en un ardiente fuego.


La amarga negrura se alarga

en humo vivo naciente, en vapor, 

de las ascuas de un incendio.


Sin almíbar, sin la dulce ambrosía

que la Luna llena esconde en su guarida.


Despojado del verbo, de la amable mirada

que a otro astro nuevo dedica.

Luna llena de banquete y caricias ajenas.


No hay altar ni nicho,

no hay lápida ni mausoleo,

siquiera hay donde caerse muerto.


Solo albergo el triste consuelo

del fenecido. Ser presa del fuego 

y arder en este infierno.



04 mayo 2017

Lo soportable







Soportable es la pesadez 

del ser.

 

Las horas no son eternas,

dejarán de visitarme las mañanas,

llegará ese día con la noche

que cierre mis ojos.

 

Es soportable, sí, que ese día

me iré sin despedirme,

sin molestar con mis prisas,

sin la espera.

 

Es soportable

olvidar y dejar atrás

anécdotas que perdieron sentido.

 

Es soportable ver apagarse

la belleza que fui.

Y aun así,

irme

sin despedirme.





05 agosto 2016

El divino destino






Dios se hizo pústula

y esculpió el aliento con sus manos.



Dios bajó del Cielo

y pintó de nubes la perpetua edad.



Dios legó en la orilla

la mortalidad que baña nuestros pasos

y donó la vejez a lo efímero.



Dios se mofó de nosotros

y pasó de largo dejando la tormenta.



Dios se fue

y murió en nuestro intelecto,

su herencia es una torre de Babel

donde nadie entiende a nadie.



Dios ascendió a su nube gris

y rezumó la lluvia ácida

que abrasa eterna

las finitas almas.



Deshojó el amor
 
en mil embustes.




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