Ada estiraba el brazo,
moviendo luces,
dando la vuelta a los colores
que caían desde lo alto
como una falda.
Su hermana reía ida
mientras saltábamos las olas,
con carcajadas
y el respeto al fondo del mar
lleno de estrellas.
Aún la veo volando
cuando la colchoneta
subió hacia el cielo.
Reía
sin conocer el miedo.
Los veo aún, como entonces,
corriendo a mi encuentro
al volver del colegio.
Él nació primero
y lo llevé recién llegado
sobre el hombro.
Cierro la memoria
con el primo de todos:
Julián.
Corría a recibirme
con esa mirada limpia
con la que los niños dicen
querer.
Hace tanto.
O hace nada.
O siempre.