Imagen: Google Gemini
Tantas horas perdidas dejo atrás
en parques que la noche me cedió,
sin ocasión de ver amanecer
ningún día con quien perdón pidió.
«El Universo mudanza; la vida firmeza». Marco Aurelio.
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Tantas horas perdidas dejo atrás
en parques que la noche me cedió,
sin ocasión de ver amanecer
ningún día con quien perdón pidió.
Imagen de Ingo Jakubke en Pixabay
Aromado con ceniza de incienso,
se ha callado el gris.
El agua de acero inunda los ríos;
un reloj de plata detiene su tic-tac
ante la luz que colora la floresta.
Me desnudo despacio,
despojado de lo fútil,
de las sombras del pasado,
de fulgores que alimentan la penumbra;
y, bautizado con la lluvia y la ceniza,
queda el alma perfumada
de la cinesia limpia que no se apaga.
Ya no hay jardines sin salida
ni laberintos de sendas tupidas:
solo Parnaso de la flor de la cayena,
que nos habla y nos salva.
Lo dicho, dicho está.
Lo humano descansa
y lo sagrado permanece.
Una ironía flota
bajo la sonrisa cortés,
una sabiduría nacida
de la insistencia,
una lección aprendida
del desasosiego,
un tira y afloja
que ve más allá del deseo,
la puerta que nunca se abre
en el silencio.
Un alma que sabe
que la otra anda rota.
Fuimos niños grandes
despreciando el silencio;
éramos el aullido
en el monte.
Éramos ladrillos
sin argamasa,
un golpe de viento.
Imagen: Google Gemini Tantas horas perdidas dejo atrás en parques que la noche me cedió, sin ocasión de ver amanecer ningún día con quien pe...