Es un barco a la deriva,
a merced de la mar y del viento,
el deseo cierto
de aquello que se anhela
como tocar el cielo con los dedos.
Es esa visita,
inesperada,
que irrumpe
al primar la cortesía
y todo cae al suelo.
Es un azar,
un desatino
cuando no es correspondido.
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