La noche me empuja
a la pendiente.
Me sumerjo
en la espesura.
Una luz
me despierta.
Tu nombre
en la garganta.
La noche me empuja
a la pendiente.
Me sumerjo
en la espesura.
Una luz
me despierta.
Tu nombre
en la garganta.
Ventanas
de par en par.
La brisa
remueve
la cortina.
Manta arrugada,
sábana que revela
la mañana.
Colcha
en el suelo.
El sol
transita.
Un gato pasa,
para,
me mira.
Pasa de largo.
Me paro ante el olivo.
Tú no.
Andenes donde esperamos,
ajustando los relojes.
Cruzan los trenes.
Codo con codo
jugamos a las sillas.
Corren niños.
Ruedan maletas.
Escribo.
Se va.
En esta sequía sin labio,
del verso que no llega,
salgo y me paro.
La mano quieta
se mueve.
Abro la puerta
al mundo
en busca de nubes.
Imagen: Google Gemini
Tantas horas perdidas dejo atrás
en parques que la noche me cedió,
sin ocasión de ver amanecer
ningún día con quien perdón pidió.
En aquella larga espera
subían nubes al Cielo.
Con las canceladas horas
afrontaba mi desvelo
y, salida de la nada,
una sonrisa revelo.
Se acercaba ella tímida,
sin mostrar ningún desvelo;
muy educada me pide
pintar ceniciento el cielo.
Con su adusta compañía
pudimos correr un velo,
juntando las soledades,
pisando juntos el suelo.
No pudimos despedirnos,
por no hacerlo yo me duelo,
y si algún día nos viéramos
pintaríamos otro Cielo.
Un pálpito en el pecho. Resbala en tus mejillas. "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos reservados. Queda ...