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Está la luna en lleno, luna llena, desbordando los océanos
en los volantes de tu falda,
rozando como las olas,
con lánguido susurro, tus níveas piernas.
Simas y cuevas se abren en la tierra,
se enciende un volcán con el céfiro
y mis manos, en cada pliegue tuyo,
escapando del tártaro, te miman;
son seda subiendo por tus pies suaves,
acariciando la piel que se eriza.
Miro tus tobillos
—coloreadas mariposas vuelan—,
tu barbilla refleja mis ojos
que te contemplan.
Mis pestañas aletean en las dunas
que señalan el fondo de un abismo
y se inquieta el oleaje.
Con luna tan radiante adviene el salitre
a mis labios y la espuma de tu centro.
Como erizo nadas. Se inflan tus dedos,
clavas tus púas al cielo,
siento que me engulle el mar,