Vuelve la aguja
a la morada
que asigna el galeno.
Vuelve a pellizcar
cada oquedad
venciendo los obstáculos
con su aguijón.
Fluyen ríos
que vencen las orillas
que invaden mi intimidad
y en mis dedos
dibujan líneas torcidas.
Es un péndulo enloquecido
el síntoma dormido
que no descansa
hasta el día de mi adiós.

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