Son mis recuerdos como un pitio,
el blanco de la nieve, el negro de la noche
y el pardo de la tierra.
Un largo pico es la memoria
de amarilla turmalina,
de azafrán quijotesco de La Mancha.
Como un pitio vuela el alma,
se posa con cautela
para, rápidamente, alzar el vuelo
al cielo y esconderse entre las nubes.
Entre nubes de algodón,
entre nubes de la lluvia y la tormenta,
entre nubes que no existen
y que crea la memoria de los sueños fracasados,
incumplidos que siempre pasaron factura.
Sin verte, como un pitio yo te observo
en un cuadro del pasado,
en un cuadro que nunca fue pintado.