“Imagina
un antro subterráneo, que tenga en toda su longitud una abertura que
dé libre paso a la luz, y en esta caverna hombres encadenados desde
la infancia...”
Platón.
La
República. Libro Séptimo.
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La
mención a la caverna de Platón se hace obligada. Hoy en día
seguimos siendo esclavos que tienen una visión del mundo más
deformada de lo que pudiera pensarse. De ver sombras a andar entre
tinieblas no hay mucha diferencia.
Unas
de las noticias recurrentes desde que tengo uso de razón es la del
llamado conflicto palestino-israelí. No hay día, semana, mes y año
que igual que una película de indios y vaqueros se nos presente a
los palestinos como unos pacíficos lugareños y los israelitas como
unos psicópatas asesinos.
Otra
de las recurrencias informativas es la violencia de género. Esta
lacra – como otras – no tiene visos de solucionarse. Y más
cuando la legislación penal ha dejado de ser punitiva. ¿Se puede
reinsertar un maltratador? ¿O un violador?
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Desgraciadamente
hay otras noticias que no se ven porque no quieren que las veamos.
Así, por ejemplo, en la tan exótica India, lugar de destino de
muchos que se sienten atraídos por su espiritualidad, nadie ha
considerado las barbaridades que no sólo hay a nivel social. En
España todo el mundo abomina de las castas pero, al mismo tiempo,
perdemos el culo para irnos a orillas del Ganges a decir namasté
sin ser conscientes que esa nación que exporta inciensos, gurús y
películas de Bollywood, tiene una complejidad social injusta y
despreciable.
Nadie
repara en las bendecidas costumbres de esos salvajes. El otro día
una niña de 14 años fue castigada a ser violada por un grupo de
varones por un desliz de su hermano.
Las
violaciones en grupo y el posterior asesinato de muchas niñas y
jóvenes cuanto apenas tienen eco en nuestros medios de comunicación.
Lo que no sale por la tele no existe. Lo que no está impreso en los
periódicos es mentira. ¿En qué caverna vivimos?
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Cada
vez que leo o escucho a femilistos
y feministas hablar de igualdad, de cuotas y de otras paridades me
viene a la mente lo que muchas mujeres están pasando en ese Oriente
al que miramos con beatífica actitud. Niñas que son obligadas a
casarse con ancianos, mujeres que son mutiladas por sus parejas o
violaciones en grupo.
Nuestras
almas están enfermas y nadie quiere darse cuenta de ello. Ya no hay
argumentos, todo el mundo cree tener la razón. El castigo se ha
desterrado y hemos adoptado la reinserción como objetivo en si
mismo. Ni siquiera los crímenes horrendos tienen su justa
correspondencia.
Habrá
que ir pensando en desterrar los ritos, creencias, religiones y
trascendencias que son perniciosas para el ser humano.
Apedrear
a una mujer hasta la muerte y violar niñas como castigo a un
pariente cercano ni puede ser justificado ni deber ser obviado por
nadie: tiene que ser castigado sin más.
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Y
tengamos claro que ni encendiendo velas, ni respirando inciensos ni
repitiendo mantras como loros vamos a conseguir ni la iluminación, ni
la paz interior ni la comunión con todos los santos. Y mucho menos
que se acaben ciertas salvajadas. Las plegarias y la buena voluntad
sirven para tranquilizar nuestras conciencias y seguir viendo sombras
de cara a la pared. Encadenados.