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18 abril 2016

La sombra de Dios








Surgen copiosas las sombras

esquivas, eterno séquito

rasgando su noche.


Expectantes se quieren del día amagar 

en su velo azabachado.


Sombras inquietas

tan solemnes sin vida propia, nómadas

solitarias, aceradas, testarudas,

moviendo su contorno

en paredes y caminos,

besando fieles las huellas del huésped 

delineando su mudez 

en su tez tan oscura.


Sombras silentes y afónicas,

disimuladas, calladas, 

asiendo los cuerpos

son errantes almas 

esposadas a la vida,

igual que la misma muerte.


Sombras que se escapan,

bailan idas,

se dividen y redoblan

en su sombría silueta.


¿Somos nubes

reflectadas a la tierra

opacas y solemnes?


¿Penumbra somos, umbría infinita 

que proyecta la mano tiritada 

del muy ensordecido esclerótico 

Dios moribundo?



07 abril 2016

Las partículas de Dios






Ella leer debiera a Leibniz
abriendo las ventanas de sus mónadas
al Amor que es un dios aniquilado.

En cada trasquilón de su corto hemisferio
hay un famélico yogui levitando
en el lóbrego tinte de la noche.

Ella arranca mechón tan disconforme,
espera así averiar ese vínculo estéril 
haciendo composible lo humano y lo divino.

Atajó con siniestra mano
de su lacio cabello pelluzgones;
aromas cicatriza en amoniaco.

Su mejor de los mundos es gustar
con el disgusto del desprecio 
engatusada en agrio vilipendio
(creó su dios un soplo de marido beodo).

Su mundo mira su divino rostro
que se refleja en un vitral, 
escribiendo torcido el destino de su hija
en polvo de estrellas dispersa.

Insensato universo perfumado
con el humo de incienso.
Hay charlatanes vendiendo loción posafeitado 
al rasurado desamor.







Confieso

"Apolo en el Parnaso con sus musas" de Rafael Sanzio.     Confieso que alguien sabe tocar las teclas y encender alarmas. Siempre ...