Algunos de los temas en las películas del director inglés Christopher
Nolan son el mundo de la mente, los recuerdos y los sueños. Lo mental le ha servido
para hilvanar historias donde sus protagonistas tienen, además,
alguna cuenta pendiente. Son personajes entre atormentados y
atados a algún acontecimiento que les hace volver, una y otra
vez, hacia atrás para tornar, como Penélope, a destejer una
realidad que se diluye igual cuando los
sueños nos transportan a otras vidas y en el momento más
álgido, caemos y despertamos con retales que deben ser, por
contra, cosidos de nuevo.
Recordemos
el personaje de aquella historia donde lo real y lo intangible se
confundían en una atmósfera recargada y pesada, el desmemoriado Leonard
Shelby,
interpretado brutal y excelentemente por Guy
Pearce,
de la icónica
y maravillosa Memento.
El
pasado nos define en el presente en el que somos, en quienes
estamos siendo. Cualquier futurible es fruto de la imaginación ya en
forma de sueños, ya sea una planificación acorde a un propósito o
puede ser fruto de un trauma (físico o en el alma). Los resultados
de ese terno son impredecibles. Solamente un arquitecto es capaz,
sobre los planos, proyectar la ciudad con sus parques y edificios, en
un futuro que verá, desde su presente, al nuestro como el pasado.
Inception,
en España se estrenó como Origen. Es una película
donde Nolan vuelve a proponernos una historia llena de recuerdos, de sueños, de
tormentas (y tormentos) ontológicas, de redención y de la
consecución de un objetivo para obtener una dicha.
La
mente no solo acumula sueños. También hay magia,
prestidigitación, truco, habilidad y la siempre aparente ilusión.
Todas forman parte de las historias del director inglés. En el filme
El Truco Final, por ejemplo, lo giros de tuerca
vuelven a aparecer adornados de una fatal competición por el
mejor engaño. ¿No es la magia un sueño reparador envuelto de
sorpresa que nos reconcilia con la realidad por unos instantes?
Precisamente
Origen es un truco, un engaño urdido donde los
sueños y la mente con sus recuerdos se entretejen, se enredan, se
hacen un bolillo. Nolan venía de triunfar con las dos
primeras películas del universo oscuro y maldito del triunvirato de
Batman. Nos traía una propuesta, tal vez, calculada
desde el enredo y la ilusión; lo onírico y su propósito se pergeñaba
desde la racionalidad de un plan. Una arquitectura, una estratagema en forma de laberinto, tenía que construirse para robar unos secretos
industriales.
Origen
contaba con un elenco más que sobresaliente y un
presupuesto muy importante (160 millones de dolares). Muy lejos
quedaban los seis mil euros de la primera cinta de Nolan, Following,
y los 5 millones de Memento. Solamente las dos últimas
partes de la Saga del Caballero Oscuro tendrían
superiores presupuestos. Origen recaudó más de 825 millones de dolares.
Si
alguien ha visto Origen podrá convenir que la fotografía
es excelente. Hay momentos realmente increíbles. La conjunción
de la técnica del retrato con los efectos especiales hicieron a esta
historia de ficción merecedora ganadora de los Óscar a ambas
disciplinas: Fotografía y Efectos Especiales.
Origen
obtuvo dos estatuillas más: Montaje y Mezcla de Sonido.
La Banda Sonora
estuvo a cargo de uno de los “fijos” de Nolan, el
compositor Hans Zimmer quien, por ejemplo, ha puesto música a
filmes como Rain Man, Thelma y Louise, El
Rey León (por la que recibió el Óscar), Gladiator o
King Arthur (para mí, la mejor recreación en el
cine del mito artúrico).
Origen
tiene unos actores y actrices sobresalientes. Pararse en cada
uno de sus protagonistas y secundarios nos llevaría muchas líneas.
Aunque sí voy a dar preeminencia a las dos protagonistas, la
francesa Marion Cotillard y la canadiense Ellen Page.
La
Cotillard es un portento en su profesión. Ella sola llena
la pantalla, hace creíble los guiones, eclipsa al resto del reparto
y embelesa con su inconfundibles sonrisa y mirada.
Ellen
Page tiene arrojo, tablas y profesionalidad, como se dice
coloquialmente, por un tubo. No se amedrenta la
“pequeña canadiense” cuando actúa junto actores de la talla
de la misma Cotillard (la gala, por cierto, se llevó un
Óscar en 2008 por La vida en rosa, en detrimento de la
canadiense por su papel protagonista en Juno), DiCaprio o Michael
Caine. Ellen Page interpreta con solvencia a sus
personajes, pecando a veces de sobreactuar. Es mi
actriz icono, mi preferida. Admiro a Ellen Page. Estuvo nominada
como mejor actriz de Origen en los Premios Saturn. Protagonizó Ellen Page la más que excelente
Hard Candy.
Dicaprio
cada vez me gusta más. Tiene a su favor que es un gran actor y que
es un maldito para la Academia que otorga las doradas
figurillas. Reconozco que en su aclamada película Titanic
yo lo hubiera tirado por la borda antes de tiempo. No he visto su
última película, El lobo de Wall Street, por la que
recibió un Globo de Oro, pero interpretó con clase
al Gran Gatsby.
Acabaré
con mi siempre entrañable Michael
Caine.
Este actor inglés, para mi, es uno de los mejores. Aún recuerdo (se
me dibuja una sonrisa) aquella película suya titulada Ejecutivo
Ejecutor.
Su más reciente Mr.
Morgan's Last Love, es
una preciosa historia con la que podemos disfrutar de este artista que
llegó a interpretar a Sherlock
Holmes
en la película Sin
pistas.
Es uno de los actores sistémicos de Nolan.
Muchos lo conoceréis por su papel del mayordomo de Batman
en la trilogía de El
Caballero Oscuro.
Confieso
que habré visto 4 o 5 veces Origen. Y cada vez me gusta más.
Tiene escenas de un preciosismo apabullante. Una de sus
virtudes es que deja a interpretación del espectador, en apariencia, la delgada
línea que separa la ficción de lo real. El filme se mueve entre
esos dos mundos, lo consciente y el inconsciente.
Los
recursos del flashback (propios de la cinematografía de Nolan) vuelven a aparecer en este comienzo de
algo que se emprende (Origen): un robo, recordemos,
mediante una ilusión que se sirve de los sueños. Los recursos
narrativos son claros aunque hay tretas que pueden
cambiar el desenlace figurado de la historia: solamente diré (spoiler)
que el vestuario de los niños que interpretan a los hijos de
DiCaprio puede darnos mucha (¿o no?) información. Por lo
demás la narración de los hechos, incluso con sus idas y
venidas, están magistralmente realizados.
La
única manera de no perderse, de discernir entre los
dos mundos, es por medio de un tótem. DiCaprio, el
protagonista principal, hace girar un trompo (su tótem), si
este gira sin parar significa que está dentro de un sueño. En
cambio si ese girar finaliza tendrá la certeza de estar en el mundo
real.
DiCaprio
no se debate entre un recuerdo vivo, con personalidad propia, de su
esposa, y sus dos hijos a quienes no ve por estar huido fuera de su
país. DiCaprio, desde el principio orquesta un ardid de
sueños dentro de sueños, para poder pagar su libertad y estar con
lo único real, en apariencia: lo que queda de su familia. A mi
modo de ver, la dialéctica entre el recuerdo de su esposa
(Cotillard) y quien desea arrastrarlo a la realidad (Page),
es muy desigual. A veces, lo que más se quiere es, eso, recuerdos, fantasmas, imágenes que nos aislan, que nos apartan del mundo.
Si no han
visto Origen, háganlo. O les gustará mucho el filme o lo despreciarán. No
hay término medio. Pasa como los vinos en las catas
ciegas, con los excelentes y con los pésimos. Unos y
otros hay quien los confunde. Incluso reconocidos sumilleres.
http://wwws.warnerbros.co.uk/inception/mainsite/
Fotografias: https://secure.flickr.com/