25 septiembre 2010

LABORDETA, EL PERFECTO COMPAÑERO DE VIAJE

Ya estamos de nuevo con el amargo encargo de escribir sobre alguien que nos dejó hace casi un mes. El tiempo corre deprisa, cuesta arriba o cuesta abajo y tras de si va dejando personas y recuerdos que alguien, a buen seguro, guardará en su memoria.

José Antonio Labordeta Subías era una de esas personas polifacéticas que de vez en cuando se dejan caer por este mundo hermoso y caótico, por esta piel de toro tan diversa y diferente por mucho que la estrechez de miras la contemple una, única y universal.

El Abuelo, como era conocido, fue un querido profesor y agitprop teatral que devino en cantautor archiconocido en la llamada Transición, su extensa y prolija discografía ha dejado canciones tan emblemáticas para una generación esperanzada y ansiosa de libertad como precisamente “Canto a la Libertad”. También nos dejo una obra en prosa y poética prolijas con versos como este:

Al atardecer una brisa suave se levanta
y las mesas vacías se llenan
de parejas que se aman ardorosamente.
Es, en ese momento, cuando
abandonamos la terraza
porque a nuestra edad
no estamos ya para contemplar
amores desenfrenados.

Pero quienes ya vamos teniendo cierta memoria (acompañada por una edad galopante que se extiende sin apenas darnos cuenta hacia lo inevitable) lo recordamos por la excitante serie televisiva “Un País en la Mochila”, donde nos mostró esa España desconocida colonizada en nuestros días y sumida en el olvido de una memoria adormecida y feliz.

Más recientemente podemos recordarlo por sus rifirrafes en el Congreso de los Diputados con los diestros representantes populares del partido de la gaviota quienes increpaban al viejo aragonés mandándolo con la mochila a Teruel o recordándole que era un “cantautor de las narices”. Los hijos y nietos de Millan Astray (fundador de la Legión quien en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca dejó el legado cavernario de "Muera la intelectualidad traidora" "Viva la muerte"), se suelen caracterizar por su amor a la cultura, la ciencia y el arte (y a España, obviamente su amor más pasional y exacerbado). Labordeta cogió el legado de la defensa de las personas, de los valores del hombre y de la mujer, en contra del pensamiento único y uniformante de lo que el denominaba “el facherio”.

Un alumno querido como un hijo de Labordeta nada proclive a lo siniestro como Jimenez Losantos dejó escrito esto sobre su estimado profesor:

Allí también, en Teruel, se pergeñó "Andalán", aunque su realización fuera zaragozana, con Eloy como contramaestre, quitaestorbos y, sobre todo, dinamizador político de un grupo en el que Labordeta invariablemente ponía la nota escéptica. Cuando habla aquí de la IDA, la Izquierda Depresiva Aragonesa, puedo dar fe de que no miente. Por eso es el perfecto "compañero de viaje": porque duda del destino pero le gusta la compañía, a pesar del tren.