Un gato pasa,
para,
me mira.
Pasa de largo.
Me paro ante el olivo.
Tú no.
Un gato pasa,
para,
me mira.
Pasa de largo.
Me paro ante el olivo.
Tú no.
Germinó,
creció.
Resistió al sol.
Escuchó.
Sucumbió
a la noche.
Lo dicho.
Paso lento,
arrastrando los pies.
Las manos
abren el cajón.
Abro la nevera,
lo veo.
Vuelvo
enciendo el ruido blanco
que llena la casa.
Me tumbo.
Respiro.
Andenes donde esperamos,
ajustando los relojes.
Cruzan los trenes.
Codo con codo
jugamos a las sillas.
Corren niños.
Ruedan maletas.
Escribo.
Se va.
Un animal
respiraba cerca.
Se acercó,
sonrió,
se apiadó de mis insomnios.
Con su aliento
la noche cede.
Me fui
sin dar las gracias.
Preparo café,
cada día empiezo
la liturgia.
Fuera,
silencio.
Dentro,
una luz.
Flota un recuerdo.
No volví.
En esta sequía sin labio,
del verso que no llega,
salgo y me paro.
La mano quieta
se mueve.
Abro la puerta
al mundo
en busca de nubes.
Tengo en mis manos un hogar con llama encendida. Miro la senda. Tus pasos... "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los ...