No percibe la vista
que sucede detrás
de la puerta sin manilla.
Te marchaste.
Cruzaste a tu rincón.
Me evitabas.
Escribía
garabatos en tu pelo
sin rizos de ceguera.
El verso de tu ausencia
es un amargo trago.
No percibe la vista
que sucede detrás
de la puerta sin manilla.
Te marchaste.
Cruzaste a tu rincón.
Me evitabas.
Escribía
garabatos en tu pelo
sin rizos de ceguera.
El verso de tu ausencia
es un amargo trago.
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Andando corran y vuelen
con el feliz desatino
los que aman como así suelen
mojar el pan con el vino.
Pasa voraz, disimula
mil alientos, finos hilos;
ata el cariño tu gula,
marchitas flores en silos.
Como el viento alegre sople
vas recorriendo caminos,
cerrando sin sello un sobre
el mejor de tus destinos.
Nadie, amor, te alcanzará
por mucho le venga en gana.
Nunca se dice y dirá
que ninguna dicha es vana.
Al amanecer el alma
se pinta con el céfiro
que con cadencia
acaricia el pensamiento,
los hondos anhelos
y el despropósito
de las ventanas abiertas.
Resonó la melodía
calmando el color de la desdicha,
entre dunas de arena
en un desierto sin oasis,
sin sombra del dátil.
Trajo la alborada brisa
a la desnuda espalda,
cargada de los pesos que me impongo
y cadenas que me atan
a un tesoro que no encuentro.
El rocío resbala por la frente
aliviando el apetito que me aflige
solitario condenado en un tártaro
donde expío los pecados.
Me libero de ti, desterrado.
De tu insolencia
de niña caprichosa
que con rotos juguetes
travesea complacida.
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Un rostro pasa, se cruza con otro. Alguien mira. Suspira. "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos reservados....