Mi hermana,
mi amiga,
la veo tan poco.
Ha cuidado el jardín.
La brisa
mece el platanero.
<<Mamá>>.
Mi hermana,
mi amiga.
Deseo vomitar toda palabra
callada, escondida,
y arrojar a un volcán nuestro veneno.
Quisiera expulsar, abriendo sangraderas,
la letra abrasadora, el verbo silencioso,
la hora muerta que me parte en dos
y la tinta negra que te nombra sin decirte.
Callado y calmo fui
ahogando el instante
en que quise dar el verso
que hoy, en el ahora, me consume.
No es cierto que guardemos dos certezas:
tu tiempo y mi silencio,
ni que para sanar todo mal
baste fingir las dualidades.
Dos mitades no se unen,
ni por Dios ni por el hombre;
lo que fue desgajado
nadie lo recompone: es delirio.
Antes quiero expulsar el vuelo ilógico,
sin alas,
y vencer el río mudo
que a tu piélago no me lleva.
Ansío otro faro,
que se disuelvan los zarzales,
que se borren del tiempo los agravios
y del silencio tus deseos.
No quiero ser Ícaro cayendo
en sus propios restos,
aunque sea dulce la ponzoña
que, en silencio y a destiempo,
sorda y muda,
aún te idolatra.
En limo se ahogaron los sueños.
No puedo expulsar las vocales
de tu nombre.
Me sumerge
el silencio de cada consonante.
Asfixiado
surco el purgatorio,
deseando el perdón del dios
que el espejo no refleja.
Nunca lo dije.
Juntamos lo roto
sin pedir indulgencia.
El barro
asomaba en mis labios.
Me reflejé en la bóveda azul,
fuera de tu molde.
Me quité el fango,
saliendo de tu centro.
Navegué lejos de tu arroyo.
Pasó la nube en el cielo. Pasó el cielo en la noche. Pasó la noche en la luna. Pasó la luna en la tristeza. "© Joan Francesc Vivancos G...