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Alauda

05 enero 2026

La larga noche II

Imagen generada por IA

 


Se quebrantó el firmamento:

nadie distingue orillas y riberas

con la sombra escampada

que a toda villa le llega.


Se alejan los vehículos 

por las largas carreteras;

con las luces encendidas

huyen de la noche negra.


El runrún se calló de la mar,

de la mar marinera;

solo queda certidumbre

empapada de tristeza.


Entre cuatro paredes,

tras cada puerta,

escondidos bajo las camas,

unos maldicen, otros rezan.

 

Los hay que enmudecieron

al desaparecer la luna lunera;

sin nanas y cascabeles,

turbados desesperan.


Todo es bruna sábana

con la marcha de Orión, Casiopea y la Flecha.

¿Dónde habrá ido la luna

que siempre estaba dispuesta?

 


04 enero 2026

Zapatos rojos

Imagen generada por IA







Esos zapatos rojos 
son demasiado femeninos,
debe tu dureza de mujer descartarlos; 
esa fuerza de paritorio,
de meses incubando la vida,
de púrpura, de espinas,
de viento huracanado.

Debes, mujer, esos zapatos excluirlos:
por blandos, por bellos,
por insinuar ese camino
que nunca, nunca lo has andado,
y al final del sendero,
es la inteligencia la que resta
esa fuerza de huracanes contenidos.

No los compres, mujer,
que alguien mirará 
las uñas de tus pies 
a juego con el vestido,
con esos volantes 
que muestran gravidez, 
que rozan tus rodillas
y muestran al mundo desabrigo.

Esos zapatos rojos 
no van contigo; vámonos, pues, 
a pasear a la sombra del olivo.








"© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de estos versos sin autorización expresa del autor."

03 enero 2026

Dama de hielo y horarios





Te adornas con frío mármol,

con hielo blanco en la mirada

y contagias el invierno

con cada palabra dada.


Como una estatua caminas

al cielo raso empinada

y negras nubes se muestran

con franqueza descarada.


Mantienes recia esa pose

cuando guardas la posada,

repartiendo los horarios

nunca pareces cansada.


Desenvuelves con soltura

cada cama asignada,

hospedando a los viajantes

en su estancia separada.


Solo poco sonríes

—y se vuelve bocanada—

de brisa suave que excita

al alma más bragada.



   

02 enero 2026

La tarde que la lluvia pensó








Todo lo que quiero decir

aún no lo he pensado,

en este domingo que descanso

con la lluvia golpeando

el cristal de la ventana.


La vela encendida mira recta;

su llama no se mueve,

no oscila ni titubea.

Estática, reza

al Dios de los gentiles,

de los descreídos, 

de los pobres hombres

que se perdieron en el camino.


La lluvia se calla y piensa;

piensa en no arreciar,

en persistir generosa y bondadosa

acrecentando los charcos que pisan

los que se perdieron, 

los que rezan a un dios desconocido.


E impertérrita la vela

aumenta la luz de su dominio.








01 enero 2026

Catorce días (revisado)

Imagen de PxHere




Entre olas de un mar sin fin,

sin orilla,

sin lacia espuma peinando la arena,

me debato en el ir y el venir.


El cielo, plomizo y sin nubes, 

no regala su lluvia esquiva 

ni bautiza la caricia de la brisa.


Navego sin rumbo, atado por la pena,

sin la roca o rompiente donde acabe

esta travesía sin puerto y sin vela.


Sin la luz de tu sol, 

sin del alba el lucero,

te confesé mi amor 

y mi cautivo deseo.




"© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de estos versos sin autorización expresa del autor."

31 diciembre 2025

Miércoles (revisado)

Fotografía: https://www.meteored.cl/noticias/actualidad/todo-lo-que-debes-saber-sobre-el-equinoccio-de-otono-y-algo-mas-chile.html




Confieso que el verano me disgusta; 

me inclino a la otoñada declinante 

que acorta la jornada con su tajo 

y viste el camino de hojarasca.


Aconsejo los llantos de la lluvia, 

que me empapan con el agua de la nube, 

absolviendo en su bautismo mis pecados, 

y al ocaso me sumerjo en su fe.


Me motivo con los grises de los cielos, 

lejos de gentílicas mareas de las playas 

que se pintan con colores de sombrillas 

y toallas que se arrugan en la arena.


Solo considero del estío los albores: 

el aire que respiro amabilísimo, 

la noche que se amanta con la brisa.


Las jornadas del otoño las añoro, 

embriagado en los olores de la tierra, 

y alejado del calor que me consume.




"© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de estos versos sin autorización expresa del autor."

30 diciembre 2025

Como un pez (revisado)


El Cantar de los Cantares 
citas
muda,
muy adentro.

El grano rosa palpita,
áspero y dulce,
en tu roja granada,
convocando el sabor de la playa
y al molusco en la roca,
como un pescador con su salabre
presto a dar la extrema unción
que acaba en degradación.

Es el ciclo:
nacer, amar,
callar, gritar
y, remando, morir.

Antes que el cuerpo se irán:
ideas, sueños,
pensamientos, sentimientos,
tu recuerdo,
la memoria.

Memoria que hacia ti se inclina
y aún me distrae,
obsesa por buscarte
en el aire,
en el suelo,
en el jardín,
en el estanque,
en el vasto firmamento,
en la acera,
en la orilla del mar,
mar en el que me adentro.

Nado con las olas,
me acerco a la roca
buscando tu aliento.

Entre cuerpos que yacen
o caminan por la orilla,
en la arena y en el mar,
busco
y no te encuentro.

Mis plegarias
son campanadas a muerto.






27 diciembre 2025

Lluvia en tarde de domingo

Imagen de desEYEns en Freepik





Llueve 

de manera cadenciosa, 

con un breve tintineo 

que reitera su timbre trepidante

y se expande en un eco que se corta.


Llueve. El pájaro no canta 

y la nube, estática, 

regala la lágrima que se resbala.


Llueve, acabándose el otoño 

en un domingo gris y largo 

con el frío húmedo del invierno.


Llueve y deja de llover. 

La Virgen de la Cueva, 

icono encerrado en el granito, 

se esconde de esta lluvia fría y terca.


Llueve, y en mi recuerdo 

habita un ángel que lloraba 

a las puertas del invierno.






24 diciembre 2025

Hurí (revisado)

https://es.pinterest.com/pin/681099143683219026/






¡Ay, con hermosa hurí soñé soñando!

Entre sus brazos un eterno canto, 

sonoro, vibrante como un colibrí.

Soñé que en el Parnaso me perdí. 


En el Oráculo de Delfos

buscaba poesía con náyades y musas,

buscaba aprender de las Pitias.


Todavía soñando desperté; 

reparé que sin Musas, 

sin náyades y sin pitonisas 

Parnaso no sería 

y, en cambio, 

con bellas columnas, 

¿era Partenón? Sí.

Concluí que llegué en un mal momento; 

noté un perfume, el templo ardía.


Ardía el blanco mármol; 

¡Qué vals atroz, qué vil minué! 

Ese fuego abrasante 

al jónico mármol ahumó,

al blanco Partenón.

Ardía todo en rededor, 

la colgante glicinia se quemó, 

se quemaron jarales, se quemaron las flores.

Huyendo del incendio corrí, corrí, corrí.


A tierra de creyentes arribé; 

igual que el Cid llegó a Madrid, 

llegué portando mi estandarte 

con mano en alto sin la flor de lis, 

en la torre blandiendo fino estoque 

portaba yo bellísimo pendón.

¡Qué singular belleza en donde me hospedase! 

¡Qué bellos los adornos!

Aquí se alza un carísimo ornamento, 

con luces y zafiros ricamente adornado, 

de albo y rubro pintado cual faro de Espartel.


No era Parnaso, era Edén.

En el alminar de índigos manises,

áureo tejado, pérsicas alfombras, 

y el jade de la China 

de verde fulgurante, de verde más limón, 

aspiro incienso de mandarina.


¡Ay, con hermosa hurí soñé soñando! 

Entre sus brazos un eterno canto, 

sonoro, vibrante como un colibrí.


En la Yanna, bellísimo Edén, 

—donde goza el mumín—, 

me aúpo fiel al séptimo nivel.

Allí moraron Adán y Eva; 

por la poma mordida desterrados, 

cosa que no, no es baladí.

Para mi no existe el miedo, tengo la flor, 

el capullito de alhelí.

No tengo tristezas, 

poseo el tesoro del Olonés. 

En mi blanca guayabera 

pende la cruz de San Andrés.

El humo de mi habano 

perfuma Oriflame Amber.

Danza la hurí 

-azafrán de Sierra Nevada-

aromada de Armaf. 

Allí nunca volví, 

a la Sierra de Baza, 

a tan bello jardín.

Al jardín de violetas, de amapolas y rosas, 

de cimbalarias, velloritas y gladiolos, 

yo volví porque antes me fui. 

Me fui en pos de un tesoro 

que encontré en sus luceros tan hermosos.

En linfa pura cristalina 

se lava el cabello la hurí, 

en las curvas de sus senos 

geometría aprendí.

De atildada escultura 

el maná sin saciarme bebía, 

nunca quedaba colmado 

de rica ambrosía; 

comía en sus manos 

el rico maní, 

y de sus caros los labios 

con rico caqui me nutría.


¡Ay, con hermosa hurí soñé soñando!

Entre sus brazos un eterno canto, 

sonoro, vibrante como un colibrí.






21 diciembre 2025

Los pesos del amor III

Foto de djovan en Pixnio




Cuan pesada carga 

es mantener los cielos.

Sobre mis espaldas

sostengo el firmamento.


Castigada el alma

que sustenta el cuerpo,

ha sido castigada

por un dios cruento.


Cuan pesada carga

es escribir el cuento

de la flor deshojada

por el crudo invierno.


La primavera olvidada

en el sueño eterno

busca la dulce morada

que recorre el pensamiento.


Cuan pesada carga

en no tener más tiempo,

la vela que se apaga

soplada por el viento.


Si nada importa nada

que acabe este adviento

de la rama deshojada

por el pronto invierno.




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