Es persistente el deseo de aquello que no se tiene,
como una puerta sin pomo
que se abre o se cierra
sin saber que es puerta.
Persiste el deseo de lo que no se tendrá:
solo se quiere lo que falta,
como una sombra
buscando la luz.
Es persistente el deseo de aquello que no se tiene,
como una puerta sin pomo
que se abre o se cierra
sin saber que es puerta.
Persiste el deseo de lo que no se tendrá:
solo se quiere lo que falta,
como una sombra
buscando la luz.
Imagen generada por IA
No surcan el cielo las aves,
no migra la cigüeña;
en cornisas se agolpan palomas,
el águila ha quedado sin presa.
En sus nidos los pardales
esconden bajo el ala su tristeza.
Solo el búho queda atento;
el resto acecha en la tiniebla.
Sin lucero del alba
se arrían las velas.
Los barcos
navegan o fondean.
El cielo es sombra de larga noche,
San Pedro aguarda en la puerta,
en el infierno
las calderas están dispuestas.
El barquero del Hades se afana
con su barca tan llena;
las almas en el Monte del Miedo
se consumen por la pena.
Con una vela escribo la luz del pensamiento
mientras tanto el olvido me susurra al oído
la vocal y consonantes de tu nombre,
de ti, ciudad amarga donde inflamas tus caprichos
de calles solitarias, de calles deambulando entre las sombras,
las sombras que nos muestran el camino.
¡Oh diosa de las nieves que flotan en el aire
y riges cada día mi destino,
alumbra las calles de las sombras
que allí me hallo perdido!
Perdido yo me hallo
entre luces de neón que, sin sentido,
congregan a las gentes apiladas
como cantos en el Monte del Olvido.
Con la luz del pensamiento enciendo la vela
y me que dormido
en tu brazos, mecido en tu cuna,
diosa que cantas la nana al ángel caído.
Una nana me cantas
y te miro distraído
por tu luz que tan blanca me alcanza
y me quedo contigo dormido.
Me despierto con la brisa del recuerdo
y tú te has ido.
Espero que llegue el ocaso
y verte, en lleno o menguada, cautivo.
Todo lo que quiero decir
aún no lo he pensado.
Domingo.
La lluvia golpea
el cristal.
La vela encendida
mira recta.
No oscila,
no titubea.
Estática,
reza
al dios de los descreídos.
La lluvia persiste,
ensancha los charcos.
Impertérrita,
la vela
aumenta su dominio.
Imagen de PxHere
Entre olas de un mar sin fin,
sin orilla,
sin lacia espuma peinando la arena,
me debato en el ir y el venir.
El cielo, plomizo y sin nubes,
no regala su lluvia esquiva
ni bautiza la caricia de la brisa.
Navego sin rumbo, atado por la pena,
sin la roca o rompiente donde acabe
esta travesía sin puerto y sin vela.
Sin la luz de tu sol,
sin del alba el lucero,
te confesé mi amor
y mi cautivo deseo.
Foto de Archie Binamira: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-en-escala-de-grises-del-volcan-activo-689451/ Está el hombre cansado, cans...