Una palmera
abre sus brazos,
quieta
protege a sus hijas.
Una farola apagada,
un silencio
amortiguado por los pájaros,
un mediodía que no se acaba.
Mi hermana cocina.
Yo escucho.
Vence el sueño, se orilla a ese borde que todo difumina. Puede la noche al verbo, al silencio, al gesto del beso. Llega tardío con esa pron...
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