Miro mis manos,
torcidas
igual que una raíz
que se enreda en la tierra.
Miro el teclado
que baila
golpeado por mis dedos.
Sigo el sonido del silencio.
Cerca
oigo el silbido de los pájaros.
La tele está puesta.
Vence el sueño, se orilla a ese borde que todo difumina. Puede la noche al verbo, al silencio, al gesto del beso. Llega tardío con esa pron...
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