photo credit: ABRAHAMY2K2 via photopin cc
Transito, tristemente,
por amplias avenidas.
La niebla se desliza:
quiebra el tiempo
(peaje que se paga en silencio).
Quiero conciliar
destino con mis días.
Los sueños se diluyen
en huellas que acompañan mis pasos;
voy marcando, cauto, el sendero añil.
Sin las viejas sombras
vendrá un camino nuevo:
podría anudar el hoy a la alegría.
Inhalé vanidades
en un incensario,
en recovecos
de lúgubres jardines,
veredas sin destino.
Sonrío sin tu dádiva
(mi todo fuiste, cielo),
en días de sosiego
descarto tu recuerdo.
Mi memoria precisa
la calma a cada instante.
por amplias avenidas.
La niebla se desliza:
quiebra el tiempo
(peaje que se paga en silencio).
Quiero conciliar
destino con mis días.
Los sueños se diluyen
en huellas que acompañan mis pasos;
voy marcando, cauto, el sendero añil.
Sin las viejas sombras
vendrá un camino nuevo:
podría anudar el hoy a la alegría.
Inhalé vanidades
en un incensario,
en recovecos
de lúgubres jardines,
veredas sin destino.
Sonrío sin tu dádiva
(mi todo fuiste, cielo),
en días de sosiego
descarto tu recuerdo.
Mi memoria precisa
la calma a cada instante.

Leerlo ha producido un efecto sorprendente, es sosegante desde el primer verso que por sí sólo merecer ser escrito en las paredes de la ciudad para que todos lo lean...
ResponderEliminarEs cierto, recuerdo que cuando la escribí tenía esa sensación de sosiego, de calma.
EliminarUn placer tenerte por aquí Pepe.
Un abrazo.
Concentras toda una vida. Cada día es un día nuevo y debemos tener presente la memoria para saber seguir caminando en busca de sueños!!!! Me encanta, muy bueno. Un abrazo!!
ResponderEliminarUna vida, la nuestra, que es un camino, donde los sueños y la memoria nunca deben faltar.
EliminarUn abrazo Ana.