Preparo café,
cada día empiezo
la liturgia.
Fuera,
silencio.
Dentro,
una luz.
Flota un recuerdo,
corrías.
No volví.
Preparo café,
cada día empiezo
la liturgia.
Fuera,
silencio.
Dentro,
una luz.
Flota un recuerdo,
corrías.
No volví.
En esta sequía sin labio,
del verso que no llega,
salgo y me paro.
La mano quieta
se mueve.
Abro la puerta
al mundo
en busca de nubes.
Muchos versan el amor,
el que se tiene,
el que se tuvo.
Unos escriben enamorados,
desesperados,
ávidos de caricias,
de un abrazo que no sea a su almohada.
Gritan,
lloran,
rompen el labio.
Trazan versos largos,
lánguidos.
Otros maldicen
lo que se pierde.
Barrocos
jugando con las rimas
como quien juega con fuego;
se queman
y queman.
Bebo el agua,
lo apago.
Busco lo exacto,
guardo el libro
en su lugar.
La puerta abierta, una luz. Un soplo de brisa. Colgué las llaves. "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todos los derechos ...