Imagen de Ingo Jakubke en Pixabay
Aromado en ceniza de incienso,
se ha calla lo gris.
El agua inunda los ríos;
los relojes detienen su tictac
con la luz que colora la floresta.
Me desnudo despacio
despojado:
de lo fútil,
de las sombras del pasado,
de fulgores que alimentan la penumbra;
bautizado con la lluvia y la ceniza
queda el alma perfumada
de cinesia que no se apaga.
Ya no hay jardines sin salida
ni laberintos de sendas tupidas:
solo el parnaso de flor de la cayena,
que nos habla y nos salva.
Lo dicho, dicho está.
Lo humano descansa
y lo sagrado permanece.
Good one
ResponderEliminarMuchas gracias
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