Archivo del blog

17 febrero 2026

Cierre

Imagen de Ingo Jakubke en Pixabay



Aromado en ceniza de incienso,

se ha calla lo gris.


El agua inunda los ríos;

los relojes detienen su tictac

con la luz que colora la floresta.


Me desnudo despacio

despojado:

de lo fútil,

de las sombras del pasado,

de fulgores que alimentan la penumbra;

bautizado con la lluvia y la ceniza

queda el alma perfumada

de cinesia que no se apaga.


Ya no hay jardines sin salida

ni laberintos de sendas tupidas:

solo el parnaso de flor de la cayena,

que nos habla y nos salva.


Lo dicho, dicho está.


Lo humano descansa

y lo sagrado permanece.




2 comentarios:

Entrada destacada

El borde del sueño

Vence el sueño, se orilla a ese borde que todo difumina. Puede la noche al verbo, al silencio,  al gesto del beso. Llega tardío con esa pron...

Entrada destacada