Cuando vence el silencio
escucho mis pulsaciones,
oigo el crepitar de la vela
aferrándose cada llama a la vida.
Queremos ser eternos
ángeles sin alas,
estar lejos de los cementerios.
Vestidos de gala,
mientras,
se apaga certera nuestra llama.
Lengua muda, el golpe no sale. Grita. Tengo el poema en la lengua. La mano espera. "© Joan Francesc Vivancos Gallego, 2010-2026. Todo...
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