He creído en la palabra,
en el gesto,
y he caído.
He tocado el suelo,
he bajado al infierno
sin quemarme con las llamas,
sin encontrar los demonios
que recorren el patio del recreo.
He bajado al centro de la tierra y de los sueños.
—¿Quién amará a la Señorita Yvaine?
El día cerró la puerta,
no amaneció.
Despertó
confiada en los sentidos.
Entonó una canción
en tálamo
cubierto de rosas.
Confundió con mariposas
el roce de polillas.
El apego
hincó
su rodilla.
Puede que no sepa dónde, ni cuando, se deshizo el laberinto que encerraba al reo entre sus muros. Puede que solo fuera un sino o solo un pen...