Tengo mis manos cerradas,
el tiempo del mundo,
un presente que guardo,
un bolsillo que escondo,
algo que quema.
Encendí la cerilla,
apagué lo soñado.
Traigo un regalo,
un libro en blanco.
—¿Quién amará a la Señorita Yvaine?
El día cerró la puerta,
no amaneció.
Despertó
confiada en los sentidos.
Entonó una canción
en tálamo
cubierto de rosas.
Confundió con mariposas
el roce de polillas.
El apego
hincó
su rodilla.
Puede que no sepa dónde, ni cuando, se deshizo el laberinto que encerraba al reo entre sus muros. Puede que solo fuera un sino o solo un pen...