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14 junio 2014

POESIA DE POETAS Y POET(IS)AS

De Marta Jiménez Suárez

¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo?
¿Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo?


Walt Whitman

Hojas de Hierbas (fragmento)



OJOS QUE VI CON LÁGRIMAS- T.S.ELLIOT

Ojos que vi con lágrimas la última vez
a través de la separación
aquí en el otro reino de la muerte
la dorada visión reaparece
veo los ojos pero no las lágrimas
esta es mi aflicción.

Esta es mi aflicción:
ojos que no volveré a ver
ojos de decisión
ojos que no veré a no ser
a la puerta del otro reino de la muerte
donde, como en éste
los ojos perduran un poco de tiempo
un poco de tiempo duran más que las lágrimas
y nos miran con burla.



PALABRAS A PIE DE TUMBA- LUZAMARGA

Dejaste decantarse al silencio.

Aquí tienes su quietud fría
y perpetua.


Ahora sólo eres abandono petrificado.

Te queda sentir sobre ti el camino
que, al arrastrarse,
vaya dejando el olvido cuando aceche.



LEJANÍA- ALEJANDRA PIZARNIK

Mi ser henchido de barcos blancos.
Mi ser reventando sentires.
Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos.
Quiero destruir la picazón de tus pestañas.
Quiero rehuir la inquietud de tus labios.
Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas? 



COMPARTIR LA BUHARDILLA- PIEDAD GARCÍA-MURGA


Aprieto los labios,
palabras reprimo,
el roce de tu piel
esos momentos
Todo aquello
que me atraganto
sin decir
todo lo que
quiero de ti
y no me atrevo
y sigo sintiendo latente
sobre alguna de mis partes
las yemas de tus dedos
quizás la sien,
tal vez el lóbulo,
puede que me acaricies
el temporal
a través del cabello
sin embargo
da igual...
No tengo coraje
Trago saliva
y, joder,
¡no te digo
absolutamente
NADA!
Tampoco pregunto
no sé para qué
ni sé hasta cuánto
me aterra,
hasta dónde...
que harás
con mis entrañas
si te enseñase
mis monstruos
y destapase todo
lo que mi cuerpo baña
Y me vertiese toda
y basculase fiera
y te contase
o sólo
te descubriese el cuero
Dibujando un infinito
con sudor
y de orificios
y quien sabe entonces
Sin embargo ahora
sigo dudando
por qué tiemblo
al estar cerca
todo mi ser
de tu ser entero
Y anochece y tú
te mueres
y yo rabisoamente
impotentemente
temblorosamente
callada
no me duermo,
pero lo haré
Teniéndote tan cerca
a un millón de años luz,
soñaba el deseo.



RUDEL-PERE BESSÓ
 
Mai no la viu,
almenys com la celebren els altres.
No coneixia el seu rostre virtuós
que tot malson guareix,
canten.
Només el palp dels seus plecs
més recòndits,
poblats de tulipes.
Però fórem amants.
Com l'escarabat dins de la caixa xinesa.



AMANECERES AJENOS- MARINA CASADO

Todo era gris y estaba fatigado,
igual que el iris de una perla enferma.


Luis Cernuda



Sólo quien vio alguna vez amanecer sabrá de qué le hablo: la sangre gris, viscosa, de los cielos, el aura indefinida de lejanía cierta, el precoz canto de los pájaros que despiertan náuseas inexplicables en el alma.

Yo estaba allí, en aquella mañana, en aquel tiempo que no me pertenecía. Volvía a casa y recordaba que, una vez, alguien me dijo que el canto de los pájaros puede llegar a ser un elemento desaforadamente inútil, extranjero, algo así como una circunstancia ajena a ti que te recuerda las razones por las que no deberías escapar, o quedarte en el mundo. O quizá solo en esa mañana concreta, en ese gris aciago, en ese amanecer que te contempla con ojos acerados, que sangra viento y noches de papel, mecidas por ilusiones huecas, acuosas, como el mar de mis labios que se desintegraba por la ausencia de besos homicidas.

Yo estaba allí pero a la vez no estaba. Estábamos allí todos nosotros, nadando por los ojos de los océanos del aire. No había nadie, en aquella mañana. Yo misma era una circunstancia ajena que me recordaba -inútilmente- las razones por las que debería escapar para siempre. (Para siempre, siempre hacia la noche, la noche familiar de oscuridad arrulladora, arrulladora de sueños y labios y besos y sombra.)


 


 

12 junio 2014

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?




El otro día hubo una breve conversación sobre el Amor. Ello me dio pie a sentenciar. O divagar. O, sencillamente, a opinar. Esto es lo único que dije en respuesta a esta pregunta:

<<¿De qué hablamos cuando hablamos del amor?>>

Y respondí

<<El amor es una filia. Hay muchas clases de amor. El amor a los hijos no es el mismo que se tiene a los padres. La filia hacia los amigos no es la misma que se siente hacia los hermanos. El amor al otro, con el que uno se pretende emparejar, es lo que dice Kaplan. Y solo en esa clase de amor puedo comprender lo que dice Žižek, ya que no solo inconscientemente buscamos perpetuar la especie. A posteriori, cuando el amor se tiene, tal vez, conozcamos las causas que lo motivaron. La soledad, la ausencia, entre otros, pueden ser causas de amores, incluso desaforados. Pura enajenación. El amor higiénico es pura ideología>>.

Arturo Villarrubia comenzó aquel banquete con la siguiente reflexión del filosofo esloveno Žižek:

<<El misterio del amor es que solo descubres que era lo que necesitabas cuando ya lo has encontrado”>>.

Hubo, a continuación, una más que interesante “charla”. Así por ejemplo destaco lo siguiente:

<<You can't always get what you want
But if you try sometime, you just might find
You get what you need >>(George Kaplan)


Villarrubia, supongo, en la linea de Žižek, hablaba del amor <<como un evento que genera sus propias causas”. El anteriormente citado Kaplan comentó que el amor no es más que el síntoma de un proceso químico con el que la naturaleza se perpetúa y medra>>.

Y aquí quiero pararme. Deseo recordar lo que Platón expresó del amor. Recordemos que una de las definiciones más corrientes es aquella del “amor platónico” entendido este como amor ideal no correspondido. Es una mala interpretación que se ha hecho del filosofo griego. En su obra “El Banquete”, Platón se despacha a gusto. Vean ustedes:

Resumamos, añadió Sócrates, lo que acabamos de decir. Primeramente, el Amor es el amor de alguna cosa; en segundo lugar, de una cosa que le falta.
(...)
...todo lo que sé sobre el amor, se lo debo a ella (Diotima). Voy a referiros lo mejor que pueda, y conforme a los principios en que hemos convenido Agaton y yo, la conversación que con ella tuve; y para ser fiel a tu método, Agaton, explicaré primero lo que es el amor, y en seguida cuáles son sus efectos... (el que habla es Sócrates).

Y ahora veamos esta extensa conversación entre Diotima y Sócrates, en la misma obra:

En suma, el amor consiste en querer poseer siempre lo bueno.
Nada más exacto, respondí yo.
Si tal es el amor en general; ¿en qué caso particular la indagación y la prosecución activa de lo bueno toman el nombre de amor? ¿Cuál es? ¿Puedes decírmelo?
No, Diotima, porque si pudiera decirlo, no admiraría tu sabiduría ni vendría cerca de ti para aprender estas verdades.
Voy a decírtelo: es la producción de la belleza, ya mediante el cuerpo, ya mediante el alma...
...Porque la belleza, Sócrates, no es, como tú te imaginas, el objeto del amor.
¿Pues cuál es el objeto del amor?
Es la generación y la producción de la belleza.
Sea así, respondí yo.
No hay que dudar de ello, replicó.
Pero, ¿por qué el objeto del amor es la generación?
Porque es la generación la que perpetúa la familia de los seres animados, y le da la inmortalidad, que consiente la naturaleza mortal. Pues conforme a lo que ya hemos convenido, es necesario unir al deseo de lo bueno el deseo de la inmortalidad, puesto que el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre. De aquí se sigue que la inmortalidad es igualmente el objeto del amor.

Como hemos podido ver, el amor según Platón es muy diferente a lo que llamamos erróneamente “amor platónico”.

Resumiendo, para Platón el amor consiste en un acto para generar y producir belleza, mediante el cuerpo y el alma. No es la belleza el objeto del amor. Sí lo es producirla, crearla, generarla. Es la belleza y la perpetuación del ser humano la aspiración del amor: lo bueno, la inmortalidad.

Igual que en “El Banquete”, en la conversación del otro día hubo cinco intervenciones. Incluyo a Žižek (es una mera observación).

Ahora vamos a intentar averiguar lo que Villarrubia quiere decir con la afirmación de que el amor es un evento que produce sus propias causas. Y lo vamos a hacer con esta disertación del filósofo esloveno Žižek:

<<No hay nada, básicamente. Lo digo literalmente, pero entonces ¿Cómo surgen las cosas? En este punto siento una especie de afinidad espontánea con la física cuántica donde la idea, como sabes, es que el Universo es un vórtice, pero una especie de vórtice con carga positiva y entonces aparecen cosas determinadas cuando el equilibrio del vórtice se perturba. Y de pronto esta idea se me antoja muy atractiva; no sólo hay nada, ahí afuera hay cosas. Significa que algo salió terriblemente mal; que aquello que llamamos creación es una especie de desequilibrio cósmico, una catástrofe cósmica. Las cosas existen por error. E incluso estoy dispuesto a llevar esto al límite y decir que la única manera de compensar esto es asumir que hubo un error y llegar al final. Y para este final tenemos un nombre: se llama amor. ¿No es el amor, precisamente, este desequilibrio cósmico? Siempre me repugnó esta actitud de “yo amo al mundo” “hay un amor universal”. No me gusta el mundo. Esto básicamente entre odio al mundo y me da igual. Y toda la realidad, pues es eso, lo que es, es estúpido, está ahí afuera y me da igual. El amor para mí es un acto tremendamente violento. El amor no es “os amo a todos”. El amor es escoger una cosa y ahí, de nuevo, tenemos este desequilibrio. Incluso si este algo es sólo un pequeño detalle, una persona individual y frágil, diría “yo te amo más que cualquier otra cosa”. En este sentido formal, el amor es maligno>>.


Siguiendo el hilo del filosofo esloveno y psicoanalista lacaniano, el amor lo causa un desequilibrio. El amor surge de un acto violento. Por ello no es descabellada la afirmación de Villarrubia de que el amor genere sus propias causas. De no haber nada, algo desequilibra el universo, nuestro universo. Y de ese acto maligno surge la chispa que lo incendia todo. ¿No será el amor un karma?

Considero que las causas del amor (que sabemos que es lo que necesitábamos cuando lo tenemos) son “desequilibrios”. La soledad. La ausencia. El cubrir un hueco (o muchos de ellos). O lo que sea.

En nuestra propia simpleza (el mecanismo del botijo es harto complicado), caemos en las garras del amor sin saber de antemano si es lo que realmente necesitamos. Algo ha salido mal cuando caemos en el amor (to fall in love). Lo que venga después cada cuál sabe como le va, le viene, le ha ido o le ha venido. 

El amor es una enajenación. Bendita locura. O maldita razón de caer en esa vesania.

Cada barco aguanta su vela. Cada nave sabe si llega, o no, a buen puerto. Las hay que se hunden. Y las hay que quedan varadas.

















09 junio 2014

Variaciones (nadie fue herido, nadie salió ileso)




Tras la roca tu mundo se refugia
y así, con miedo, miras al cielo
esperando que caiga la lluvia.






LAS PIEDRAS DEL CAMINO


Ante mis ojos se expande el llano.

Sobre mi ser el azul levita.

Cae la noche y la luna

en la senda dirige al transeúnte.



LA TRISTEZA


Mis ojos obvian su vuelo

posándose en lo alto.

Las nubes huyen vestidas de añil.



MIENTRAS ESCUCHO A LOS KINKS


Sunny afternoom de fondo.


El humo del cigarrillo es una nebulosa

que levita en mi contorno.


El tiempo perdido

tiene estas cosas:

el reloj no se para

cuando no hay senda que transitar.



EN LO ALTO NO HAY NADA QUE DIVISAR


Más arriba,

donde rozan el cielo mis dedos,

mis ojos no saben donde mirar.


No divisa la floresta el árbol

y cualquier anuencia

es una vanidad que me atenaza a ti.


No alcanza la altura los halagos

que desde lo profundo de la tierra

mis labios han enmudecido.

Eran sordas las veredas

donde anduvo el silencio

que a ti y a mi nos acompañaba.


No hay más asunción

que el ocaso.

Averno

donde se marchita

la hoja del árbol

que el vergel 

nunca avistó.



SIEMPRE SE ALBOROTAN LA MARIPOSAS EN PRIMAVERA


Vuelan que vuelan,

las mariposas revolotean

ingrávidas como los días que ya se marcharon.




Beck - Ramona



08 junio 2014

Hateship, loveship. El arte de encontrar un lugar en el mundo.



Liza Johnson dirigió en 2013 una película en la que volvía a escenificar la búsqueda del lugar en el mundo. Si en Return (2011) era una soldado la que volvía a su mundo después de cumplir con su deber, en Hateship, Loveship, es una cuidadora de ancianos y mujer de la limpieza la que encontrará su lugar en el mundo después de una trama, de un ardid en forma de broma de mal gusto, quien además de cumplir con su cometido, encuentra la única oportunidad que el destino le brinda.

Está basada en una novela de Alice Munro titulada Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage“.

Kristen Wiig protagoniza un drama que tiene forma de puzzle, es decir, las piezas van encajando hasta mostrar un bello mosaico. La Wiig interpreta a Johanna, una más que eficiente ama de casas ajenas. Johanna se queda sin trabajo después que la anciana que cuidaba dejara este valle de lágrimas.

La pose adusta, la timidez, la pinta de paleta y las facciones de mujer rendida, derrotada, sin atisbo de ilusión en su mirada es lo primero que llama la atención de este personaje obsesionado por el orden, el método y la limpieza.

El sentido del deber vuelve a aparecer como en Return. Johanna cumple la última voluntad de la anciana. Una vez muerta Johanna la viste con el vestido azul que quería llevar puesto ese día.

El comienzo nos regala detalles en los que vale la pena detenerse: la firmeza de Johanna (el planchado del vestido azul de la anciana está ejecutado con mano firme y con destreza), sus zapatos, la forma de vestir y el peinado delatan a una mujer entrada casi en la cuarentena sin más horizonte que el de cumplir con su cometido, soñar en soledad y silencio, viendo la vida pasar.

Su nuevo trabajo es a las órdenes de Mr. MacCauley (Nick Nolte), un anciano resultón con blancas barbas que tiene a su cuidado a su nieta Sabitha (Hailee Steinfeld), una adolescente huérfana de madre, cuyo padre es un alcohólico y cocainómano que va de aquí para allá. Este personaje (Ken), interpretado por Guy Pearce, vive atormentado con la culpa de causar la muerte a su esposa en un accidente. La amiga de Sabitha, Edith (Sami Gayle), es un miembro más de familia.

A pesar del orden que infringe en lo que limpia, recoge, barre, friega o cocina, nuestra protagonista es una persona que ha llegado a un punto tal de aceptación de su soledad y de la falta de una familia.

Pero Johanna va a encontrar la horma de su zapato. Sin buscarlo se encontrará en forma de carta manuscrita lo que después, por mor de una chiquillada de unas mozicas que pretenden echarse unas risas a costa de la recién llegada con zapatos raros, provocará una reacción en la peculiar asistenta.

La película nos muestra el valor de querer sin pedir nada a cambio y de la determinación. Un gran Nick Nolte ejerce de gran patriarca justo. La Wiig hace creíble a Johanna no, lo siguiente. Por momentos lo borda. Y las cortas apariciones de Jennifer Jason Leigh empacan una historia de la que hay quien dice que se queda corta. Destaco a la Wiig, Nolte y Guy Pearce. De las jóvenes promesas el personaje de la Gayle tiene más chicha. Apunta maneras la joven protagonista de El Profesor.

No quisiera acabar sin recomendar la película, aun a riesgo de provocar cierto desasosiego. Aunque tiene un planteamiento más que notable, el desenlace ( previsible) se cierra bruscamente dejando al nudo, al desarrollo, en una situación algo comprometida. Sabe a poco. Es tan buena la historia que deja la sensación de querer más.

Resumiendo, la propuesta es buena pero se queda en el notable cuando tiene todos los mimbres para el sobresaliente, entre ellos unos actores que dan credibilidad a sus personajes y una historia que más bien parece un cuento.



 

05 junio 2014

EL DIA DE SU SEGUNDO CUMPLEMESES



El día se ha levando con grises augurios, en forma de bolas de algodón, que no dejan ver el azul. Tímidas incursiones del astro rey se posan en forma de caricias leves, tímidas, cortas como un suspiro.

Enfrente de nuestra atalaya hay un solar con unos pocos naranjos, una higuera y un olivo. Una chimenea se erige majestuosa; no es más que el recuerdo de una actividad fabril del siglo pasado. Al fondo tres solitarias moles de viviendas desentonan con un paisaje horizontal. Un par de kilómetros más allá se divisan vehículos que parecen ser llevados en una cinta transportadora.

A trescientos metros hay unos barracones de colores que hacen, provisionalmente, la función de colegio. De vez en cuando se escucha un sonido chirriante de motocicleta. Tal como viene se va. Vuelve cierta calma, solo el humidificador rompe el sosiego que el silencio regala a nuestros oídos.

La personita más feliz de la casa acaba de hacer sus labores: dormir y comer. Hoy es su cumplemeses. Dos en la mochila.

Parecerá sorprendente o, tal vez, alguien piense que movido por el afecto haya arribado al puerto de la ilusión/confusión, pero lo cierto es que la bimestre criatura, entre risas, ya sabe imitar el sonido de esa palabra que se les dice, en general, a los infantes: ajo. Así es, sin trampa ni cartón.

Ciertamente puede ser que a veces necesitamos oír lo que nos hace sentir no solo bien, sino sorprendidos. Sin sorpresa todo es lineal. Aunque a veces con las sorpresas pasa como con la familia (nos viene dada), los amigos (los elegimos) y los afectos (vienen y van, o se enquistan): las hay (sorpresas) que nos dibujan sonrisas o trazan muecas.

Lo sorprendente, tal vez, es no tener sorpresas. Y para mí sigue siendo una sorpresa la grandeza, en su menudencia, de estas criaturas que un día nosotros fuimos.




Enya-Caribean Blue


















31 mayo 2014

Miley Cyrus. El lado nada oscuro de Hannah Montana.








En verdad deseo que por favor te disculpes conmigo y con Amanda Bynes por haber perpetuado abuso en ambas en terrenos en los que Amanda ha tenido problemas de salud mentales y que yo experimenté deseos compulsivos por suicidarme, y fui completamente abierta en buscar ayuda para salvar mi vida

... ...

En tu país, el suicidio es la segunda causa de muerte entre las personas de 25 a 34 años de edad. Muchas de estas muertes no ocurrirían de no ser por los abusos psicológicos y las bromas relacionadas (y mal informadas) con los problemas de salud mentales.

Sinead O'Connor en una Carta dirigida a Miley Cyrus



Desde que se estrenó en 2006, la serie «Hannah Montana» fue un éxito. La serie catapultó como estrella adolescente a Miley Cyrus, hija del cantante country Billy Ray Cyrus. Hannah Montana tenía un argumento nada sesudo: Billy Ray y su hija Miley interpretaban lo que son en la vida real. El apellido Cyrus era sustituido por el de Stewart. Ella por las noches, gracias a una peluca rubia, se transformaba en Hannah Montana, una estrella rock.

Miley Cyrus/Stewart/Hannah Montana tenía 13 años cuando se estrenó la serie de Disney. El primer capítulo fue seguido por cinco millones de personas. La serie acabó en 2011. El merchandising generado rebasó lo imaginable. Hasta la propia Miley reconoció que le resultaba chocante ver cepillos de dientes de Hannah Montana.

La serie tuvo su película, "Hannah Montana: The Movie". En ella el personaje de Miley/Hannah plantea desvelar su secreto, que recordemos, se escondía tras una peluca rubia. Conforme crecía, una transformación se iba fraguando en su persona. El crecimiento personal consiste en cambios de todo tipo. La Cyrus no iba a ser una excepción.

Una actuación en el Rock in Río hizo sonar las alarmas. La adolescente Miley subió al escenario con tacones y un vestido algo ajustado. Aquello fue una decepción para muchos niños. La encarnación del mal ejemplo se cernía sobre la idolatrada estrella. Dudo mucho que la niñez sea la etapa en nuestras vidas donde se elaboran juicios morales, lo que me da que pensar que era cosa de adultos lo de la decepción y el juicio a la artista juvenil.


Miley/Hannah bien podría, en las calenturientas mentes de sus críticos, ser la reencarnación de la pecaminosa Eva: la mujer que habla el mismo lenguaje que las víboras y siempre está presta a dar manzanas que provoquen la expulsión de la Humanidad del Paraíso. O eso es lo que se desprende del Libro del Génesis¿Cómo no explicar, entonces, que la mujer tenga que ser apaleada cuando le plazca al Dios de sus entretelas? ¿Cuántas mujeres tienen que seguir recibiendo correctivos de sus padres y parejas? ¿El amor es lo que tiene: un par de hostias y una disculpa en forma de moratón o de consumación del matrimonioAsí es como lo practican los malnacidos.

El amor al personaje de Hannah Montana se mudó en un dedo que señala a Miley Cyrus. Había que salvar a Hannah de las garras de la Cyrus. Había que desapegarlas, desengancharlas. Los pobres niños estaban traumatizados con la imagen de su idolatrada Hannah en el Rock in Río (así lo narraba el diario El Mundo el 07/10/2010: Miles de niñas miraban con la boca abierta, más o menos igual que sus padres, como la chica que mató a Hannah Montana se restregaba con el escenario embutida en un minúsculo body que dejaba el 50% de pechos y glúteos al aire...).

Alguien les había contado a los infantiles fans de Hannah Montana que los Reyes Magos son los padres, que Hannah Montana era un personaje de ficción y no la brillante estrella que los guiaba a Belén.

Esto es lo que una de sus «fans» dejó escrito (está en la Wikipedia): <<Miley Cyrus, ha hecho varias películas, la ultima cancion y Hannah Montana entre todas ellas. La verdad es que a mi me encantaba Miley, y queria ser como ella, pero todo cambio cuando para mi sorpresa vi su espectaculo entero por la television, el de rock in rio. Muchos niños perdieron la ilusión después de ello, pues se la esperaban como Hannah Montana, cn su peluca y deacubrieron a Hannah, vestida con unos taconazos enormes y un vestido, que para gusto de algunos era demasiado corto y escotado. Desde entonces yo y muchos otros hemos perdido algun interes por ella, eso no significa que sea guapa, atrevida o que cante bien>>.

<<El que ha escrito esto no conoce el idioma español --Manuman333 (discusión) 16:40 24 mar 2013 (UTC)>>.

Ya comenzaba a caer en desgracia la popular Cyrus. Algo iba a ocurrir tarde o temprano y no era, precisamente, un más que considerable corte de pelo.

Coincidiendo con el estreno de la cuarta temporada, el ritmo de trabajo de la Cyrus era flipante: conciertos, películas, edición de su tercer disco y rodaje de capítulos de la serie. Además, ya se había echado un noviete que le duró dos años: uno de los Jonas Brothers. Nick Jonas. Ahí no es nada. La Cyrus dijo en una entrevista que fue amor a primera vista; se conocieron y, ¡tachan!, se hicieron novios. El amor había triunfado. Una flecha menos había en la aljaba de Cupido.

<<No puedo basar mi carrera en (los espectadores) de seis años>>, confesó Miley Cyrus. El comienzo del fin de Hannah Montana había llegado. La actriz había tomado conciencia de quién quería ser. Tenía el ejemplo de su admirada Britney Spears, quien se pegó, recordemos, un morreo de oro con la otrora icono del pop Madonna. Parecía que aquel beso entre las dos estrellas a punto de estrellarse predijera la ruptura entre la Cyrus y la Montana. Nunca ha habido mejor despedida que aquella que es sellada en un húmedo ósculo.

Tras finalizar la serie que le catapultó al estrellato, la Cyrus tuvo dos años de éxitos: 2011 y 2012. Las recaudaciones fueron millonarias. En septiembre de 2012 rompió con el actor, y guaperas, Liam Hemsworth. Un proyecto de boda, con pedrusco de quilates por medio, se había ido al traste.

2013 iba a ser el año en que una rutilante Cyrus iba a dar mucho más que hablar. Fue el año del estreno del disco BangerzUna Cyrus muy sexual emergía cuál espuma de la fruta prohibida de Venus. Una imagen andrógina, poses, fotos sacando la lengua y provocaciones varias han mutado, parece, a la mutante Miley/Hanna Montana.

Este año es el de la gira Bangerz Tour. Esta mañana, mientras iba al trabajo, me he encontrado con los carteles anunciando el paso de nuestra provocadora cantante por Madrid este mes de junio. Me ha venido una imagen de la Cyrus en un concierto montando sobre un pene. Enseguida una canción de Los Enemigos llamada <<John Wayne>> venía a mi mente, mejor dicho, uno de sus versos: <<¿Qué es lo que montas tú?>>

He llegado a la conclusión que la imagen provocadora de la Cyrus, con sus posturas, sacando la lengua, su delgadez y la adopción de lo andrógino y lo explícito no es más que Hannah Montana pergeñando una ruptura con el cordón umbilical que, aún en el imaginario de muchos adolescentes, le ata a un personaje que superó cualquier ficción.

El otro día recordaba con un amigo, Javi, a Johny Weissmuller, el actor que protagonizó infinidad de películas en las que interpretaba al rey de la selva. El actor se creyó a su personaje y murió creyendo que era el mismo Tarzán. La Cyrus llegó al estrellato interpretándose a ella misma. Miley interpretaba a Miley. Miley se ponía una peluca rubia y se convertía en una estrella del rock llamada Hannah Montana. Hannah Montana era el alter ego de una adolescente que actuaba y se interpretaba a ella misma. La banda sonora de la serie no la firma Miley Cyrus. Lo hace Hannah Montana. ¿No es para volverse loco?

La Cyrus, empero, no está loca. Tal vez esté rota como el personaje que se tiraba por una ventana en aquella canción de los inefables Ilegales. La Cyrus nos está diciendo, sin más, que aún no ha roto con Hanna Montana. Nada parece lo que es, por mucho que se esfuerce la susodicha en mostrarnos lo provocativa que es. Más que serlo, lo está en apariencia. Es una pose. Una gamberrada. 

Para mí, la Cyrus necesita descreerse de Hannah Montana. Sinceramente, siento cierta lástima por ella. Ni el éxito, ni el dinero conllevan la estabilidad. No piensen que me siento mejor que ella. No. Ni ella es mejor que nadie. Considero que su éxito será efímero como el de la caída en desgracia: su admirada Britney SpearsLo que venga después será flotar, andando sin sentir su propio peso. O lo que Milan Kundera describió como la insoportable levedad del ser.

He llegado a la conclusión que la imagen provocadora de la Cyrus, con sus posturas, sacando la lengua, su delgadez y la adopción de lo andrógino y lo explícito no es más que Hannah Montana pergeñando una ruptura con el cordón umbilical que, aun en el imaginario de muchos adolescentes, le ata a un personaje que superó cualquier ficción.

 

30 mayo 2014

California Solo




Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: "Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que será derramada para remisión de los pecados".

Mateo 26:27-28
The only one I see
Is mine when she walks on the street
The only one I see
Has carved her way unto me

Everyone has been burned before
Everybody knows the pain
Everyone has been burned before
And everybody knows the pain

The Charlatans-The only one I see 
  
Erase una vez un viejo rockero escocés, Lachlan MacAldonich, que vivía en Estados Unidos, que vendía productos de una granja en un mercadillo, que tenía una hija con una ciudadana norteamericana a la que apenas conocía, que ponía música de discos de vinilo en su emisora de radio casera, que fue miembro de un grupo rock de cierto éxito, que se enamora de una de sus clientes (a la que dobla, o más, en edad) y que, por una infracción administrativa en forma de multa, podía dar con sus huesos deportado en su Escocia natal, en la Pérfida Albión, o sea, en la Gran Bretaña (Rule, Britannia!, Britannia rule the waves...). 

Este personaje solo podía ser interpretado por un scottish con pinta de guitarrista de los Deep Purple: el grandioso Robert Carlyle. A este actor se le recuerda por Trainspotting (1996), The Full Monty (1997) o la mas reciente Once Upon a Time (serie que en España se emite como Erase Una Vez) en la que interpreta al oscuro Rumpelstiltskin. 

Robert Carlyle es como los vinos añejos: con aroma, cuerpo y de largo final que, por si solos, sostienen un menú o una velada con velas a la luz de la luna. En California Solo despliega cada uno de los muchos registros que el personaje, el guión y la historia precisan. Actúa con tal desparpajo que da ganas de abrazarlo. El sólo en California sostiene un argumento que tiene mucha más mala leche de la que podemos esperar de una película independiente con perfil óptimo de Festival de Sundance (obtuvo un premio en dicho Festival en 2012); a pesar de ser una película algo lenta nos muestra una de las mejores redenciones, a mi modo de ver, del cine.

El personaje tiene un recorrido vital más común de lo que pensemos. Hace realidad aquel titulo de un disco llamado así: The rise and fall...; sí, ante nosotros tenemos a un hombre más que maduro que subió alto y se estrelló, que por caprichos del destino tiene que buscarse la vida en un país que no es el suyo y que ha dejado huecos, vacíos y cuestiones pendientes que ha de ir llenando en ese viaje hacia la redención.

Nos encontramos ante una redención más cercana a Martin Scorsese que a Jesús de Nazaret. Más que sacrificarse por la salvación de sus semejantes, el personaje de Lachlan MacAldonich sufre el castigo por sus actos pasados y presentes. No faltan ni el alcoholismo ni el abandono de una hija que no ha dejado de querer a su padre a pesar de sus desplantes y de su pose de eterno adolescente.

Es tan real el personaje de Carlyle que, a veces, nos podemos ver en él como en un espejo y sentir esas sensaciones y emociones por las que pasa nuestro protagonista: el feliz optimismo desde el que mira con esa mixtura de admiración, deseo y promesa-de-amor-eterno al personaje interpretado por Alexia Rasmussen, hasta la frustración que produce la cruda realidad cuando ésta tritura el deseo y el optimismo convirtiéndolos en humo (decía una canción llamada "Humo" de Gabinete Caligari: "somos humo, mi amor, que como viene se va..."); la secuencia del pub es tan verídica que a mí se me puso la cara roja y hasta me avergoncé. Tal cual. ¡Cuantas veces me he visto en ese brete!

El reparto cumple a la perfección el rol que el guión dispuso para ellos. La lentitud de la cinta nos permite entender, sin embargo, los procesos que se suceden en esta dramática historia. Todo tiene un sentido. Todo tiene una lógica veraz y nada engañosa. Así, el personaje femenino protagonizado con cierta solidez por la Rasmussen - Beau-, sabe mantener la tensión justa y el equilibrio. Hay momentos estupendos en el que la sola sonrisa de Beau evoca momentos en el que nuestra alma no necesita más que esa expresión que, a veces, abre puertas y corazones que parecían cerradas y duros.

Es una película muy buena. Es un drama que toca la fibra. Habrá, sin duda, quien le resulte una película indie más. Valga comentar que el guionista y director Marshall Lewy escribió el personaje que protagoniza Robert Carlyle pensando exclusivamente en él, sin conocerlo.








29 mayo 2014

La antesala de la locura

Josef Forster: Airwalker, 1916



El loco sonríe,

se acomoda en un rincón.

 

El taimado se esconde

del mundo.

 

El valiente se alienta

presto a la batalla.

 

¿Es excusa la vesania

para morir de una emesis

que no acaba?

 

¿O es una renuncia

al hecho de haber nacido?

 

En la antesala 

de la locura

algunos vuelan

por el aire

queriendo liberarse 

del peso de su náusea.





25 mayo 2014

Selfie: Más que un autoelogio en forma de foto.



La historia del arte está plagada de autorretratos. Uno de los más conocidos popularmente es el del pintor Vincent Van Gogh. Y en lo tocante a la fotografía el primero, en daguerrotipo, fue el de Robert Cornelius en 1839.

El ser humano siempre ha inmortalizado en la pintura, en la cerámica, en la escultura y con la fotografía numenes, animales, dioses y personas. Hacer fotos a diestro y siniestro es de lo más normal. De hecho hace unos días hice un elogio, en forma de reseña, a un libro de fotos llamado Postales desde Oporto de Arturo Villarrubia.

La palabra selfie es un anglicismo novísimo, hasta el año 2013 los diccionarios de Oxford no la incluyen como vocablo inglés (Wikipedia dixit). En español las palabras autorretrato (que figura en el DRAE) y autofoto serían las expresiones correctas para designar lo que se ha convertido en una costumbre más que extendida.

Con la proliferación de los teléfonos inteligentes y las funcionalidades en ellos incorporadas, el paisaje urbano, incluso el rural, ha tomado una nueva dimensión. La inmediatez de la información, de la acción y la interacción solo es posible gracias a estos instrumentos que caben en un bolsillo y que apenas pesan.

Las redes sociales, pues, han hecho furor. Ahora es posible contactar a cualquier hora, desde cualquier lugar y en cualquier circunstancia, no solo con los conocidos, sino, también, con desconocidos. Incluso podemos compartir esos momentos irrepetibles, únicos. La imagen en las redes sociales, bien en forma de logo, de texto y de foto es una tarjeta de presentación. La foto del carné de toda la vida. Nuestra imagen al exterior es importante, incluso crucial. No hay agenda de contactos que se precie que no tenga una o varias fotos. Generalmente la foto propia, del careto, de la jeta, del rostro es la que en el mundo Matrix (léase Twiter, Facebook, WhatssApp, etc,) encabeza la lista de los llamados perfiles, contactos, etc.

Un lema de los tiempos nuevos, tiempos salvajes, que ha calado en las mentes de muchos ciudadanos y de muchos usuarios de artefactos con WhatsApp, Line, Instagram, etc., es el «Do it yourself".  Traducido del anglosajón al español viene a decir «hazlo tu mismo».

Sin ánimo de extendernos, ni de ser concretos, expresa el hecho de ser la propia persona la que produzca sus propios bienes, utensilios, enseres, etc. Hay quien relaciona el DIY con movimientos autogestionarios, punks, etc. Un ejemplo del «hazlo tu mismo" sería el grupo Les Luthiers.

Es costumbre extendida que con el móvil nos autorretratemos por una cuestión funcional; tener foto de perfil. Pero el ser humano en su naturaleza transcendente ha encontrado otros usos y finalidades al selfie. Así, por ejemplo, podemos expresar un estado físico (por ejemplo, un embarazo), emocional (la tristeza, la alegría), un acto social (la entrada o salida de un concierto), unas vacaciones, etc., o, simplemente, el mero gusto de verse uno mismo guapo, atractivo, buenorro, sexy, guay, chupiguay, apetecible y preparado para el éxito (o el estrellato).

Hay selfies grupales que generalmente inmortalizan cenas, juegos, fiestas, reuniones o vaya a saber usted qué. Hay selfies que en lugar de centrarse en el careto, se centran en partes del cuerpo: barriga, pechos, partes íntimas, pies u ombligo: Una tal Jen Selter es la reina de los selfies de trasero en Instagram.  La misma red social borró el trasero de una tal Meghan Tonjes por estar lleno de lorzas. Lo consideraron inapropiado; más tarde le pidieron perdón. El selfie, por lo tanto, no es unívoco ni inocente.

La cosa se pone, desgraciadamente, más preocupante cuando hay extensos books, álbunes, páginas web que nos muestran selfies nada anodinos, fanfarrones, bobos, narcisistas o inseguros: estamos hablando, por ejemplo, de actitudes impropias con personas y animales.

No hace mucho se hizo público que unos gañanes (jovenzuelos y jovenzuelas) se hicieron un selfie para que quedara inmortalizada, en esa nada pueril imagen, un suicida. Se toparon esos canallas con un tipo que se iba a tirar de un puente y, en lugar, de impedir aquel hecho y buscar ayuda, los muy guays se hicieron un selfie. Que majos. La inmoralidad de estos sujetos quedó inmortalizada en forma de Los selfies de Madison.

Un tal Danny Bowman se hacía 200 selfies al día. El muchacho estuvo a punto de suicidarse porque no le admitieron en una escuela de modelos.

Si el elogio de uno mismo se refleja en un selfie, ¿para qué queremos los espejos? ¿los hemos roto de tanto mirarnos? ¿o se han vuelto prescindibles? La cosa es más sencilla:

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) ha realizado una clasificación de trastornos del selfie. Así se denomina «selfitis» a la compulsión de hacerse fotos unos mismo para colgarlas en las redes sociales para compensar la falta de autoestima y un vacio en la intimidad. Habla la APA de tres categorías de este trastorno:

Selfitis Borderline: tomar fotos de uno mismo por lo menos tres veces al día, pero no publicarlas en medios de comunicación social.

Selfitis aguda: tomar fotos de uno mismo por lo menos tres veces al día y la publicación de cada una de las fotos en las redes sociales.

Selfitis crónica: impulso incontrolable de tomar fotos de uno mismo durante todo el día y la publicación de las fotos en las redes sociales más de seis veces al día.

Siempre se ha dicho que el rostro es el espejo del alma. El selfie, a veces, precisa de una terapia cognitivo-conductual.

Tema: Imágenes. Artista: Glamour

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