12 junio 2014

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DEL AMOR?




El otro día hubo una breve conversación sobre el Amor. Ello me dio pie a sentenciar. O divagar. O, sencillamente, a opinar. Esto es lo único que dije en respuesta a esta pregunta:

¿De que hablamos cuando hablamos del amor?

Y respondí

El amor es una filia. Hay muchas clases de amor. El amor a los hijos no es el mismo que se tiene a los padres. La filia hacia los amigos no es la misma que se siente hacia los hermanos. El amor al otro, con el que uno se pretende emparejar, es lo que dice Kaplan. Y solo en esa clase de amor puedo comprender lo que dice Žižek. Ya que no solo inconscientemente buscamos perpetuar la especie. A posteriori, cuando el amor se tiene, tal vez conozcamos las causas que lo motivaron. La soledad, la ausencia, entre otros, pueden ser causas de amores, incluso desaforados. Pura enajenación. El amor higiénico es pura ideología.

Arturo Villarrubia comenzó aquel banquete con la siguiente reflexión del filosofo esloveno Žižek:

El misterio del amor es que solo descubres que era lo que necesitabas cuando ya lo has encontrado”.

Hubo, a continuación, una más que interesante “charla”. Así por ejemplo destaco lo siguiente:

You can't always get what you want
But if you try sometime, you just might find
You get what you need (George Kaplan)

Villarrubia, supongo, en la linea de Žižek, hablaba del amor “como un evento que genera sus propias causas”. El anteriormente citado Kaplan comentó que el amor no es más que el síntoma de un proceso químico con el que la naturaleza se perpetúa y medra”.

Y aquí quiero pararme. Deseo recordar lo que Platón expresó del amor. Recordemos que una de las definiciones más corrientes es aquella del “amor platónico” entendido este como amor ideal no correspondido. Es una mala interpretación que se ha hecho del filosofo griego. En su obra “El Banquete”, Platón se despacha a gusto. Vean ustedes:

Resumamos, añadió Sócrates, lo que acabamos de decir. Primeramente, el Amor es el amor de alguna cosa; en segundo lugar, de una cosa que le falta.
(...)
...todo lo que sé sobre el amor, se lo debo a ella (Diotima). Voy a referiros lo mejor que pueda, y conforme a los principios en que hemos convenido Agaton y yo, la conversación que con ella tuve; y para ser fiel a tu método, Agaton, explicaré primero lo que es el amor, y en seguida cuáles son sus efectos... (el que habla es Sócrates).

Y ahora veamos esta extensa conversación entre Diotima y Sócrates, en la misma obra:

En suma, el amor consiste en querer poseer siempre lo bueno.
Nada más exacto, respondí yo.
Si tal es el amor en general; ¿en qué caso particular la indagación y la prosecución activa de lo bueno toman el nombre de amor? ¿Cuál es? ¿Puedes decírmelo?
No, Diotima, porque si pudiera decirlo, no admiraría tu sabiduría ni vendría cerca de ti para aprender estas verdades.
Voy a decírtelo: es la producción de la belleza, ya mediante el cuerpo, ya mediante el alma...
...Porque la belleza, Sócrates, no es, como tú te imaginas, el objeto del amor.
¿Pues cuál es el objeto del amor?
Es la generación y la producción de la belleza.
Sea así, respondí yo.
No hay que dudar de ello, replicó.
Pero, ¿por qué el objeto del amor es la generación?
Porque es la generación la que perpetúa la familia de los seres animados, y le da la inmortalidad, que consiente la naturaleza mortal. Pues conforme a lo que ya hemos convenido, es necesario unir al deseo de lo bueno el deseo de la inmortalidad, puesto que el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre. De aquí se sigue que la inmortalidad es igualmente el objeto del amor.

Como hemos podido ver, el amor según Platón es muy diferente a lo que llamamos erróneamente “amor platónico”.

Resumiendo, para Platón el amor consiste en un acto para generar y producir belleza, mediante el cuerpo y el alma. No es la belleza el objeto del amor. Sí lo es producirla, crearla, generarla. Es la belleza y la perpetuación del ser humano la aspiración del amor: lo bueno, la inmortalidad.

Igual que en “El Banquete”, en la conversación del otro día hubo cinco intervenciones. Incluyo a Žižek. Es una mera observación.

Ahora vamos a intentar averiguar lo que Villarrubia quiere decir con la afirmación de que el amor es un evento que produce sus propias causas. Y lo vamos a hacer con esta disertación del filósofo esloveno Žižek:

No hay nada, básicamente. Lo digo literalmente, pero entonces ¿Cómo surgen las cosas? En este punto siento una especie de afinidad espontánea con la física cuántica donde la idea, como sabes, es que el Universo es un vórtice, pero una especie de vórtice con carga positiva y entonces aparecen cosas determinadas cuando el equilibrio del vórtice se perturba. Y de pronto esta idea se me antoja muy atractiva; no sólo hay nada, ahí afuera hay cosas. Significa que algo salió terriblemente mal; que aquello que llamamos creación es una especie de desequilibrio cósmico, una catástrofe cósmica. Las cosas existen por error. E incluso estoy dispuesto a llevar esto al límite y decir que la única manera de compensar esto es asumir que hubo un error y llegar al final. Y para este final tenemos un nombre: se llama amor. ¿No es el amor, precisamente, este desequilibrio cósmico? Siempre me repugnó esta actitud de “yo amo al mundo” “hay un amor universal”. No me gusta el mundo. Esto básicamente entre odio al mundo y me da igual. Y toda la realidad, pues es eso, lo que es, es estúpido, está ahí afuera y me da igual. El amor para mí es un acto tremendamente violento. El amor no es “os amo a todos”. El amor es escoger una cosa y ahí, de nuevo, tenemos este desequilibrio. Incluso si este algo es sólo un pequeño detalle, una persona individual y frágil, diría “yo te amo más que cualquier otra cosa”. En este sentido formal, el amor es maligno.


Siguiendo el hilo del filosofo esloveno y psicoanalista lacaniano, el amor lo causa un desequilibrio. El amor surge de un acto violento. Por ello no es descabellada la afirmación de Villarrubia de que el amor genere sus propias causas. De no haber nada, algo desequilibra el universo, nuestro universo. Y de ese acto maligno surge la chispa que lo incendia todo. ¿No será el amor un karma?

Considero que las causas del amor (que sabemos que es lo que necesitábamos cuando lo tenemos) son “desequilibrios”. La soledad. La ausencia. El cubrir un hueco (o muchos de ellos). O lo que sea...

En nuestra propia simpleza (el mecanismo del botijo es harto complicado), caemos en las garras del amor sin saber de antemano si es lo que realmente necesitamos. Algo ha salido mal cuando caemos en el amor (to fall in love). Lo que venga después cada cuál sabe como le va, le viene, le ha ido o le ha venido. 

El amor es una enajenación. Bendita locura. O maldita razón de caer en esa vesania.

Cada barco aguanta su vela. Cada nave sabe si llega, o no, a buen puerto. Las hay que se hunden. Y las hay que quedan varadas.

















2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con el final. El amor es otra de las variantes de la locura.

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    1. Sí. Es pura enajenación, vestida con el traje de lo aparentemente sublime.

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