Dicen que Dios aprieta pero no ahoga
mientras sus manos sujetan mi cuello;
¿se burlan de mi?
Miro esas manos grandes
que me retuercen el pescuezo
y esos ojos arrogantes
que miran de frente a los míos.
Solo me ahogo
faltándome el aire,
el aliento,
me rindo.
Dios dejó de apretar
y subió a los Cielos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario