Me encaro a la hoja
sin poder escribir,
sin saber que es lo que sé.
Me enfrento
con las manos sucias,
con la deformidad de mis dedos.
Arrostro momentos soñados.
Confronto mi aliento
a la fuerza del viento
vencido en el olvido
sumido en la amnesia del deseo.
La favila que flota en el aire
y se apaga devorando las cenizas.
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