Es acuciante el deber,
no el deseo.
No apagamos
las luces por placer.
Trenzando
se hace
y se deshace,
igual que la pintura en el lienzo.
Sin arrojo
traerán las pulsiones
remolinos;
a su fondo seremos absorbidos;
en la escalada caeremos
en la vorágine del desconcierto.
Tomar las decisiones debidas
es un acto de fe,
es autoestima,
amar la vida.

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