Albergado en el aprisco,
vislumbraba hilos del alma cosiéndose al cielo.
El olor de la botica,
el trasiego de las gentes
que iban y venían.
Miraba como un niño.
Pensaba, divagaba, colores que pintaba.
Con mi mente soñaba los visos del alma.
Me horadaban los perfumes del rocío
y, con sus fríos, la alborada.
El crepúsculo llegó,
se abatieron las ventanas
y me vi en la oscuridad.
Se entecharon de hormigas
mis caricias y abrazos.
Se marcharon mis recuerdos y menciones,
con afonía me abanico.
En mi pecho mis afectos atempero.
Mis pecados y mis fugas,
en el suelo,
a mis miedos
absorbían con el viento
el resuello de los ángeles caídos.
El destino en el estéril arenal
me llevaba a los infiernos por sus dunas.
Suspiraba en las tinieblas mi universo
aromas de los pétalos del Cielo
con el anciano moribundo.
Pude yo volar.
ser una ave,
surcaba nubes altas,
vi la tierra y el mar.
Observé que de la altura caería,
que acabaría en un tártaro de nubes.
En venero bebían mis labios un tósigo.

perfecto y precioso, como siempre hermano
ResponderEliminarMuchas gracias. Lo cierto es que aún está inacabado, hay que meterle la goma de borrar y las tijeras.
EliminarInteresante trabajo... las preguntas son el motor de la mente, el arañazo en el corazón, la manifestación de una sed que a veces encuentra en ellas consuelo.
ResponderEliminarUn placer leerte.
Reme.
Un poema fruto de un colapso. De esos que se nos presentan de vez en cuando, y nos hace preguntarnos el sentido, tanto de las cosas como de nosotros mismos.
EliminarMuchas gracias por tu comentario.
Un beso Reme.