Respiro.
Los ojos se cierran.
Las manos en los bolsillos.
Un papel recuerda mi nombre.
Me esperan.
Hay un tiempo para abrir las puertas,
el aire fluye,
el beso.
Hay un tiempo para cerrar la casa,
no mirar las luces con sus sombras
por la ventana.
Hay un tiempo,
la madrugada.
Traigo las ofrendas a la mesa, al lugar donde sacian nuestras bocas el hambre sin suelo. Llevo la luz metida en una caja y como Pandora la a...