Puede que no sepa dónde,
ni cuando, se deshizo el laberinto
que encerraba al reo entre sus muros.
Puede que solo fuera un sino
o solo un pensamiento
abriendo la llaga,
hurgando la herida.
Puede que no sea yo,
no lo fui.
Me fui sin volver la vista.
Traigo el sabor amargo en la palabra, en el andar entre letras que son mías. Tengo en las manos un pañuelo de otro. Vierto dolor en la mira...