Sin esperanza, sin miedo,
caminando de la mano del olvido
hacia la larga montaña.
Un doblón he encontrado en el camino.
Lo he lanzado a la fuente de los recuerdos.
Ahora todo queda dicho.
—¿Quién amará a la Señorita Yvaine?
El día cerró la puerta,
no amaneció.
Despertó
confiada en los sentidos.
Entonó una canción
en tálamo
cubierto de rosas.
Confundió con mariposas
el roce de polillas.
El apego
hincó
su rodilla.
Cada paso
una huella.
Cada beso
un recuerdo.
Cada momento
un anhelo.
Cada distancia
un silencio.
Vence el sueño, se orilla a ese borde que todo difumina. Puede la noche al verbo, al silencio, al gesto del beso. Llega tardío con esa pron...