Fuimos niños grandes
despreciando el silencio;
éramos el aullido
en el monte.
Éramos ladrillos
sin argamasa,
un golpe de viento.
Fuimos niños grandes
despreciando el silencio;
éramos el aullido
en el monte.
Éramos ladrillos
sin argamasa,
un golpe de viento.
Vence el sueño, se orilla a ese borde que todo difumina. Puede la noche al verbo, al silencio, al gesto del beso. Llega tardío con esa pron...
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