Cierto es que no
me gusta
la playa
abarrotada
ni el inculto ministro
que los museos
descoloniza.
Ambos saben
a óxido de hierro,
ambos raspan
como la toalla
sin suavizante.
Entre ajenos orines es insano nadar,
como no es virtud borrar el pasado
erigido en dogma.
Dios murió
a manos del hombre
que se cree bastón de mando.
Y muchos reman,
a remo y vela,
para que vivan bien
tan pocos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario