En el salón,
la fotografía del minero
preside la pared.
Blanco y negro.
Su mirada
sobre la mesa llena.
Nos alojamos
en la antigua hostería:
mis hermanas,
mis sobrinos.
Las Pedreras nos reciben.
Ya no somos
los niños de entonces.
Algunos nombres
faltan en la mesa.
El minero sigue ahí.
Nos mira.

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