Estatua de Penélope en la Ciudad del Vaticano
Escribiendo con la pluma
en mi mano
me ha tentado describir
lo que escondo,
lo callado por vergüenza
y que expreso
sin tener el justo
veredicto.
Es un brindis, lo confieso,
a tu Sol,
Penélope en la noche
deshaciendo
lo que el día
ha tejido,
alargando terminar
mi sudario.
Es la treta que la fortuna
me enseñó.
Acabados los banquetes
esperé
la llegada de Odiseo,
descosiendo
lo cosido por las horas.
En mis manos se tensó
tu arco,
los caminos se forzaron
que anduvimos
sin pedir consentimiento,
sin saber,
sin convencerme
de lo principiado.

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